Cierras
los ojos y escuchas al mundo venirse abajo.
No
quieres reconocer que a nadie le interesa lo que tienes para decirnos,
y vienes con tus pectorales de bronce a enceguecernos todas las mañanas.
Te
tengo una noticia, pájaro niño-berriche: todos morimos hace tiempo.
Qué
me dirás del polvo de tus heridas, si a nadie le interesa ese polvo ni tu
herida.
Qué me dirás de todos tus sueños
si
no tienes nada y eres como nosotros.
solo
sabes decir un par de clavos oxidados
y
unas cuantas mariposas.
Lo
ves todo, niño,
Te
duele todo, pájaro.
A
nadie le interesa que tus ojos sean tan grandes como el océano,
que
tu dolor sea tan grande
como
el agujero de bala en la cabeza de una muchacha abandonada en la basura.
Ven
y haz sonar tus menudencias,
anida
en la boca del mudo, y en el hocico de un perro.
Sigue,
di
que soy yo el hombre podrido,
el
que huye para evitar la orquesta de piernas rotas en las fábricas y en los
burdeles.
Haz
un dios que se invente un diluvio
e
inventa un sueño donde estés parado sobre ese diluvio.
Tú
no eres quien empuja mi dolor hacia la sombra.
Tú
no eres quien habrá de sacarnos de la sombra:
Cada
quien es responsable de labrar su quemadura.

