jueves, 30 de julio de 2009

COMERCIAL Y POEMA




Fe

Déjame una amapola por si no termina el aguacero

Ya los policías se han llevado a mi padre sospechoso de nada

a mí me dejó el cuchillo de su crimen de dos corazones partidos

Yo te dejo mi palabra como barco de papel y por sombrero.


Déjame una amapola,

el último vuelo en alfombra de luz al jardín perdido.

Ya los policías se han llevado a mi padre sospechoso de nada.


Creo en una amapola de tu parte

Creo en el cuchillo de mi padre sin ser carnicero

Amo las espinas y creo en un cielo orinado por chacales

pero creo más en ti, en nuestra carta sin sello ni destino

mas mi padre no cree

y desde su cárcel a gritos me llama loco, ¡Loco!

¡oh, aguacero!

El aguacero, mi amor...

Si tan sólo mi padre creyera

que una lágrima nos puede salvar del aguacero.

domingo, 12 de julio de 2009

PUNTO IMAGINARIO

A Patricia Cuéllar

Nunca he ganado un certamen literario
pero guardo estrellas verdes en un vaso mínimo.
En el vértigo de las heridas sueño con sueños
y me aferro al costado más mórbido de mi sombra.

Nunca he escrito tres o cuatro líneas
más allá de mis estragos.
Le hago el amor a una guitarra, encaramado en las paredes, sabía.
Comparto con las moscas su mísero vuelo
y me duelo de repente junto a un corazón de calcetines rotos.

De vez en cuando me arrastro junto al puñal y la rosa
y me doy cuenta que el hambriento de la esquina
es también Cristo crucificado.
Le he robado besos al llanto
cuando he estado a solas con mi esperanza.

A veces naufrago en un ramillete de palomas hechas añicos
pero con la próxima parvada de cometas
me ven los astrónomos pelearme el regreso.
Un botón me pesa en la mano y suelo repartirme
con el pescado y el pan cuando nos niegan la montaña.

Unos dicen que soy sólo otro vicio,
semana de septiembre en agosto pleno
Que de agrura en agrura le vocifero a las piedras
y me como a los niños con salsa tabasco.

Pero qué sé yo si la noche no es distancia,
si la vida es tiempo que sobra y el tiempo vida que falta.
Qué sé yo de tormentas que corren a empapar montes,
de cuerpos tendidos sobre el musgo
que se despeinan la saliva, labio a labio, y bajo otro cielo.

Yo no tengo más ciudad que la mudez de mis zapatos.
Me amoldo a la forma que la brisa elije para mí, y soy alga o molusco.
Pero la verdad que sé yo, del mar ignoto que la brisa arrastra adentro.

Sí, Nunca he ganado un certamen literario,
mas míreme ahora,
he logrado – a pesar de la repisa vacía de diplomas y trofeos-
que sea mi confidente;
Aun sin saber el rumbo que tomaron sus pupilas
y qué nube siguieron sus manos.

Sí, mi primer y último confidente
con quien morder todo este silencio,
Perteneciéndole, –usted y yo- por entero, a cada palabra...
...sí, reunidos –usted y yo-,
en un punto imaginario
de esta tristísima tierra.