Me arrojo a la sed por la miel de las sombras
sin más saco que mi propio estómago
y su ondulado vacío.
Los pequeños dedos de las distancias
se hunden en un mar de papel ajeno a mi mente,
porque por la carretera de la imaginación:
La tos legendaria de un tomate.
Sin rostros vagan los pasos en San Salvador.
Sin nombre se pronuncian sus vientos.
(Hombres íntegros,
dejad que los borrachos de la calle
también comulguen los domingos
para ello Jesús, sin usuras, convirtió el agua en vino…)
Ya es hora que los relojes
se enteren que la eternidad les queda muy grande.
Me arrojo entre las libertades por todos los pétalos,
morder las bocas que una vez se rehusaron besarme.
Me arrojo para ya no reconocerme bajo
el dedo que acusa terrible.
Ya es hora que los relojes
marquen la hora de su propia muerte.
Que en adelante
todo sea excremento azul
de oruga nunca antes visto...
Me arrojo a la sed por la sombra de los caminos de la sal amarga
y no llevo otro sombrero más que el primer sueño de juventud.
domingo, 29 de marzo de 2009
domingo, 22 de marzo de 2009
El pájaro
Madre:
Hoy vi a unos
niños matar un pájaro.
Le lanzaron una piedra
y el animal cayó al suelo.
Aún estaba con vida
cuando uno de esos niños
lo tomó entre sus manos,
y junto con los otros
rieron crueles.
Ese niño
le extendió las alas
sin importarle
que una de ellas estaba rota.
Y así como si de un títere viejo se tratase,
forzó en mofa su vuelo.
El pájaro agonizaba,
algunas plumas se desprendían
de su ya miserable cuerpo,
otras le eran arrancadas.
Le partieron el pico, le dañaron un ojo.
Los niños al atardecer se aburrieron.
Tomaron al ave por las patas
y ya de cabeza
vueltas le condenaron a dar
¡Cantaban rondas de muerte y miedo!
Era un cuadro de horror, Madre,
¡Niños que jugaron a matar!
Pero como el pájaro inerte
ya no era divertido,
después de pisotearlo un poco,
le dejaron tirado en el césped
y observaron curiosos
como el animal lentamente
era devorado por las hormigas.
¡Oh! Madre,
a penas si puedo verte
a través de mis ojos
llenos de tantas lágrimas,
dime,
que será de mí
cuando haya dejado el nido,
y el mundo me encuentre
y me lance la piedra.
Hoy vi a unos
niños matar un pájaro.
Le lanzaron una piedra
y el animal cayó al suelo.
Aún estaba con vida
cuando uno de esos niños
lo tomó entre sus manos,
y junto con los otros
rieron crueles.
Ese niño
le extendió las alas
sin importarle
que una de ellas estaba rota.
Y así como si de un títere viejo se tratase,
forzó en mofa su vuelo.
El pájaro agonizaba,
algunas plumas se desprendían
de su ya miserable cuerpo,
otras le eran arrancadas.
Le partieron el pico, le dañaron un ojo.
Los niños al atardecer se aburrieron.
Tomaron al ave por las patas
y ya de cabeza
vueltas le condenaron a dar
¡Cantaban rondas de muerte y miedo!
Era un cuadro de horror, Madre,
¡Niños que jugaron a matar!
Pero como el pájaro inerte
ya no era divertido,
después de pisotearlo un poco,
le dejaron tirado en el césped
y observaron curiosos
como el animal lentamente
era devorado por las hormigas.
¡Oh! Madre,
a penas si puedo verte
a través de mis ojos
llenos de tantas lágrimas,
dime,
que será de mí
cuando haya dejado el nido,
y el mundo me encuentre
y me lance la piedra.
8 de Junio 1730
Yo que no conozco el fuego de las hadas,
encuentro ceniza sobre mi corazón.
Que pierdo la ruta al camino empedrado,
y tras la noche delirante, no queda
de mí piedra sobre piedra.
Yo que nunca he conocido un invierno
de mantos blancos
y ángeles de hielo, conozco bien el frío
y he temblado
en las sombras bajas del trópico.
¡Que no he visto el mar en la grandeza
de su misterio,
pero desde que recuerdo, siempre he tenido sed!
Bajo mi cama viven seres de soledad
devorando cadáveres de esperanza…
Oh amor, mi amor inseparable,
a la que le digo te amo diciéndole adiós,
yo que no alcanzo a comprender la poesía,
he visto sin saber, entre la ceniza fría
y la escarcha ardiendo,
una piedra amarrarse el mar al cuello
y lanzarse al fondo del poeta...
encuentro ceniza sobre mi corazón.
Que pierdo la ruta al camino empedrado,
y tras la noche delirante, no queda
de mí piedra sobre piedra.
Yo que nunca he conocido un invierno
de mantos blancos
y ángeles de hielo, conozco bien el frío
y he temblado
en las sombras bajas del trópico.
¡Que no he visto el mar en la grandeza
de su misterio,
pero desde que recuerdo, siempre he tenido sed!
Bajo mi cama viven seres de soledad
devorando cadáveres de esperanza…
Oh amor, mi amor inseparable,
a la que le digo te amo diciéndole adiós,
yo que no alcanzo a comprender la poesía,
he visto sin saber, entre la ceniza fría
y la escarcha ardiendo,
una piedra amarrarse el mar al cuello
y lanzarse al fondo del poeta...
sábado, 21 de marzo de 2009
Chorrocientos días
Has vuelto al corazón donde se perdió tu vida,
donde una vez lloraste largos mantos de niebla.
Donde te dolías con la sangre entrecortada
al sonar la noche en tus cartílagos huecos.
Ahí naufragabas y vivías sin merecer
el agua mineral que bebías de las heridas de tu madre.
Nunca te importó el arpa sin cuerdas
que estremecía con su voz de humo tu tacto sin destino.
No reparaste en el dios muerto que llevabas colgado al cuello.
A los colores
los empañaba un coro de niñas ahogadas en tu sangre
Por eso odiabas los arco iris
y las mañanas te eran beso soez en la frente del tiempo.
Ahí era donde gestabas las tormentas,
Ahí vomitabas todos los incendios.
Vos,
hombre de la sombra más hambrienta,
hombre con los sueños rotos en las estrellas y las campanillas,
con la púa de la melancolía hasta el fondo de las palabras
cuando la luz declinaba su rostro ante el veneno de la soledad
Pero aprendiste del odio, la verdad del cariño
De la muerte de las flores, la eternidad de los aromas.
Nació una lágrima alada con olores a galleta
y el pozo tuvo su fondo en el génesis de una sonrisa.
En tu espejo fue el reflejo del mundo de ahí en adelante.
De los inmundos restos de quienes se llamaron tus amigos
y te dejaron con el machete desnudo sobre el fuego de las lágrimas,
se alzó en vuelo una galaxia de mariposas
que ahora te llevan de la mano a adivinar las formas de las nubes
Entonces vino la muerta para lo que te mataba y nació el milagro,
Vino el amor sellando las bóvedas del egoísmo,
humectando con su saliva tus tristezas.
Ahora,
has regresado al viejo corazón a heredar la nueva vida,
chorrocientos días después.
donde una vez lloraste largos mantos de niebla.
Donde te dolías con la sangre entrecortada
al sonar la noche en tus cartílagos huecos.
Ahí naufragabas y vivías sin merecer
el agua mineral que bebías de las heridas de tu madre.
Nunca te importó el arpa sin cuerdas
que estremecía con su voz de humo tu tacto sin destino.
No reparaste en el dios muerto que llevabas colgado al cuello.
A los colores
los empañaba un coro de niñas ahogadas en tu sangre
Por eso odiabas los arco iris
y las mañanas te eran beso soez en la frente del tiempo.
Ahí era donde gestabas las tormentas,
Ahí vomitabas todos los incendios.
Vos,
hombre de la sombra más hambrienta,
hombre con los sueños rotos en las estrellas y las campanillas,
con la púa de la melancolía hasta el fondo de las palabras
cuando la luz declinaba su rostro ante el veneno de la soledad
Pero aprendiste del odio, la verdad del cariño
De la muerte de las flores, la eternidad de los aromas.
Nació una lágrima alada con olores a galleta
y el pozo tuvo su fondo en el génesis de una sonrisa.
En tu espejo fue el reflejo del mundo de ahí en adelante.
De los inmundos restos de quienes se llamaron tus amigos
y te dejaron con el machete desnudo sobre el fuego de las lágrimas,
se alzó en vuelo una galaxia de mariposas
que ahora te llevan de la mano a adivinar las formas de las nubes
Entonces vino la muerta para lo que te mataba y nació el milagro,
Vino el amor sellando las bóvedas del egoísmo,
humectando con su saliva tus tristezas.
Ahora,
has regresado al viejo corazón a heredar la nueva vida,
chorrocientos días después.
martes, 3 de marzo de 2009
un poema de César Vallejo
XIII
Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo tu botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso
Pienso en tu sexo, surco mas prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.
Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo
¡Odumodneurtse!
(de Trilce)
Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo tu botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso
Pienso en tu sexo, surco mas prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.
Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo
¡Odumodneurtse!
(de Trilce)
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