De nuestro beso, sólo la casa en sombras.
Lámpara en pedazos
sobre la amarga espuma del vacío.
Hoy amanecí vacío
como si todo el mar que conoces
se hubiera secado dentro de mí
y sólo se oyera el rumor de la muerte
en el devenir de las horas.
Pero ni tú ni yo hemos muerto,
entonces, ¿por qué
el aroma a ciprés y desesperanza
que emana de mis ojos?
Descoser tu nombre del pecho, cuesta.
Lamer tus sobras, arde en el recuerdo.
Este dolor no es cresta de gallo,
es otra chispa que originó todo el invierno de tu ausencia.
así tus palabras se fueron borrando del aire
y me quedó la voz sin alma, sin sonrisa.
Habría que sacarle margaritas a estas cruces,
a esas calles aglomeradas de años que todavía
galopan el presentimiento…
Habría que nacer de nuevo
para encontrarte en la misma silla
para desvestirte en el mismo beso
y no regresar jamás a este poema.
lunes, 8 de febrero de 2010
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Puya, Vladi!!!!
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