Canción de amor
Dulcísima ceniza del corazón helado
toma la mano de la amada muerta bajo el lirio.
Sé su retorno a la sepultura
hoy que yace perdida por las ciudades.
Fueron los relámpagos
quienes le han abierto los ojos de repente.
Fueron los relámpagos
quienes reconstruyeron el polvo de diez años de distancia.
Fueron los relámpagos quienes rompieron la piedra
-telónes de monolito que los hombres pusieron para esconder su carne inmóvil.-
Pero las calles han cambiado
desde que le cruzaron los brazos,
desde que el aire la abandonó
dejándola pálida sobre los oficios
de unas velas encendidas.
Ella que fue toda primavera
cuando sus huesos se curvaban
limpios e intactos tras la luz de la mañana,
ella que fue todo amor en los andamios miserables
y guardaba la hora precisa en sus manos
de donde con frecuencia nacían los destinos;
es ahora doble vacío en mi costado,
doblemente
muerta en el camino.
Hoy las calles han cambiado y no lo sabe,
y anda como niña extraviada en los autobuses,
en las plazas me busca como antes
pero las esquinas de hoy
no son las mismas donde yo la besaba y le prometía lo eterno.
¡Ay! y hoy,
ni imagina que su mirada es una fuente extinguida
donde nacen y se multiplican los reflejos de la nada.
Para ella, el trote del barro continúa exacto por los suburbios,
como lo dejó en aquél momento, como lo dejó cuando me dejaba.
Y hoy busca en los mercados,
comida, sin hambre.
Agua, sin sed.
¡Ay! Dulcísima ceniza, hija de mis sienes marchitadas,
dile que ahora el tiempo se reparte en silencio y a veces en frío.
Dile que la seguí por ese túnel lamiendo sus tacones.
Dile que nuestros nombres ya no tienen edades.
Que no me busque más en las oficinas
Que no estoy en las multitudes despiertas
Regrésala a mí, dulcísima ceniza
hija mía y de sus sienes.
Que regrese a lo innombrable
al infinito de las flores y plegarias
Que sepa que duermo a su lado (como lo ordené a los que me sobrevivieron)
Que venga.
Regrésala.
Que descienda
con la dulce violencia de una novia alegre,
que descienda a nuestro sepulcro
como la lluvia, cuando ardiendo,
penetra la tierra y fecunda la vida.
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Hermosa poesía. Felicidades amigo de las letras.. ¡Un abrazo de Panamá!
ResponderEliminarDavid...
siempres renuevas el lenguaje con imagenes frescas, y la contrapones con ese juego que simepre haces bien.
ResponderEliminarme gusta mucho