Finjo ser el niño feliz de la cuadra,
a llamarme Rodrigo, Gregorio y Sebastián
para quedarme en tu memoria, respirar en tus sueños.
Suelo cortar, barajar estrellas azules
en incólumes inviernos inflamables,
a deslizar tras luz mi sombra por las ventanas.
Tiendo a precipitar la neurosis,
a ojear mis entrañas junto a los amigos eufóricos
y vuelo sin encontrarme en la blanca ala de un beso.
Y la vida se arrastra con sus pedazos,
viene, reposa y sigue como tren de humo y distancias.
Sí, la herrumbre de mis rieles es inevitable.
jueves, 19 de febrero de 2009
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Hola Vladi, que bueno que te visité, te he vinculado en mi blog... y aunque me visitaste no me dijiste que te pareció, de vez en cuando también escribo poesía -supongo-.
ResponderEliminarSaludos. Abi