Aún derribada la luz
grita y espanta sombras.
¿Por qué el destello hundido en el abismo?
Por qué la canción apenas entonada
cuando hemos aprendido
que sólo conocemos la mitad del silencio.
Todo es como la torre
¡Sin nunca llegar al cielo!
La manzana medio mordida
-una torre a medias-
El mundo es otra torre que nunca se termina.
Y es la mitad de la risa a medio pétalo desnudo
es el dolor a la mitad de un labio enteramente partido
Menguantes las lunas llenas
Mitad son los días sin nunca llegar a su otra parte.
¿Por qué la sangre cortada a mitad de las venas?
Reconocer que la palabra completa fue media palabra siempre.
¿Y dónde está la otra mitad del cielo que señalamos?
A medias el alma del viajero que es la mitad de su destino
a la mitad quedan los sueños cuando volamos
porque mitad es el vuelo y a medias el ala de la paloma que seguimos.
El mundo es otro corazón, que como el mío no está entero.
Media hojuela cae bajo la espuma (que es la mitad del océano)
y le quedamos debiendo algo a todos
y a nosotros mismos como mitad que somos de ellos.
¿Por qué, desde el abismo sólo la mitad de la luz regresa?
¿Y por qué al salir del fondo, llevamos en nuestro fondo la mitad de otro abismo?
Por eso yo señalo y me quejo con el dedo a medias
y la queja a penas bordada - como el vuelo, como la torre-
¿Por qué la tumba multiplicada de una muerte a medias?
Por qué el fin de los poemas
cuando aún falta escribir el resto de la vida.
al saber de la muerte de un joven tecleño.
domingo, 22 de febrero de 2009
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