Aún derribada la luz
grita y espanta sombras.
¿Por qué el destello hundido en el abismo?
Por qué la canción apenas entonada
cuando hemos aprendido
que sólo conocemos la mitad del silencio.
Todo es como la torre
¡Sin nunca llegar al cielo!
La manzana medio mordida
-una torre a medias-
El mundo es otra torre que nunca se termina.
Y es la mitad de la risa a medio pétalo desnudo
es el dolor a la mitad de un labio enteramente partido
Menguantes las lunas llenas
Mitad son los días sin nunca llegar a su otra parte.
¿Por qué la sangre cortada a mitad de las venas?
Reconocer que la palabra completa fue media palabra siempre.
¿Y dónde está la otra mitad del cielo que señalamos?
A medias el alma del viajero que es la mitad de su destino
a la mitad quedan los sueños cuando volamos
porque mitad es el vuelo y a medias el ala de la paloma que seguimos.
El mundo es otro corazón, que como el mío no está entero.
Media hojuela cae bajo la espuma (que es la mitad del océano)
y le quedamos debiendo algo a todos
y a nosotros mismos como mitad que somos de ellos.
¿Por qué, desde el abismo sólo la mitad de la luz regresa?
¿Y por qué al salir del fondo, llevamos en nuestro fondo la mitad de otro abismo?
Por eso yo señalo y me quejo con el dedo a medias
y la queja a penas bordada - como el vuelo, como la torre-
¿Por qué la tumba multiplicada de una muerte a medias?
Por qué el fin de los poemas
cuando aún falta escribir el resto de la vida.
al saber de la muerte de un joven tecleño.
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domingo, 22 de febrero de 2009
martes, 20 de enero de 2009
Exordio
Déjame morir, madre,
aunque con ello te duela la vida.
Porque he leído el llanto en las paredes de esta casa.
He dormido en la helada punta de los gritos.
Incandescentes son las sombras desde su núcleo.
Yo no he podido atar las perdiciones de mi carne.
Soy uno más que lleva su cruz entre las urgencias de la lluvia.
He rodado por los peldaños de mi propia muerte inconclusa tantas ocasiones.
Cristo ha visitado mis sueños y ha salido preñado de hierbas agridulces y tormentas
Soy pagano por adorar el polvo de los meses que concluyen con sal en sus bocas
Déjame morir, madre, aunque con ello te duela la vida
Pues la escarcha ardorosa monta las arterias que forman la noche.
En esta casa aprendí a escribir con los dedos rotos.
El sol se hunde en las heridas del hombre,
su oxidado aliento calienta mis mejillas demasiado tarde.
Todo es demasiado tarde en brazos del amante fermentado que es el odio mismo.
Sólo conozco parques y plazas abandonadas, mi ternura ha sido relámpago mortífero
entre las sedas
He propiciado la ruina del destino, me duele la sangre.
Sé de los dientes en el barro, las llagas hijas del fuego de los hombres.
Sé de los hombres como mentiras de sí mismos.
He sostenido el silencio en mis manos y he besado sus manos.
He sobrevivido más de lo que creían...
Déjame morir
aunque con ello te duela la vida, madre.
aunque con ello te duela la vida.
Porque he leído el llanto en las paredes de esta casa.
He dormido en la helada punta de los gritos.
Incandescentes son las sombras desde su núcleo.
Yo no he podido atar las perdiciones de mi carne.
Soy uno más que lleva su cruz entre las urgencias de la lluvia.
He rodado por los peldaños de mi propia muerte inconclusa tantas ocasiones.
Cristo ha visitado mis sueños y ha salido preñado de hierbas agridulces y tormentas
Soy pagano por adorar el polvo de los meses que concluyen con sal en sus bocas
Déjame morir, madre, aunque con ello te duela la vida
Pues la escarcha ardorosa monta las arterias que forman la noche.
En esta casa aprendí a escribir con los dedos rotos.
El sol se hunde en las heridas del hombre,
su oxidado aliento calienta mis mejillas demasiado tarde.
Todo es demasiado tarde en brazos del amante fermentado que es el odio mismo.
Sólo conozco parques y plazas abandonadas, mi ternura ha sido relámpago mortífero
entre las sedas
He propiciado la ruina del destino, me duele la sangre.
Sé de los dientes en el barro, las llagas hijas del fuego de los hombres.
Sé de los hombres como mentiras de sí mismos.
He sostenido el silencio en mis manos y he besado sus manos.
He sobrevivido más de lo que creían...
Déjame morir
aunque con ello te duela la vida, madre.
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