a karlen Abrego
Quedémonos hasta muy tarde
y hablemos tanta paja.
Tenés infinidad de maneras
para matarme el tiempo.
Contáme la vez
que te hundiste en lágrimas,
cuando las manos de todos
los hombres no pudieron tocarte.
Decíme si esta semana
te has quedado pensativa,
colgada de las baldosas.
Si llegaste a tu habitación
habiendo olvidado cada nombre
en la piel de los daños.
Porque yo te voy a contar la vez
cuando una rosa me violó un sueño,
sobre el lucero que nunca cabalgué
y de las sobras del banquete que me robé un día.
Contáme del crujir que oís en la mudez
cuando el trueno en el
cielo se gesticula, ese mismo
Aullido rojo al que temés tanto.
Contáme si crees en Jesucristo,
o te endulza el pecado del viajero que se va.
Decíme lo que los robles comentan a mis espaldas
al descubrir ángeles muertos en tu enigmática cabellera.
Seguíme diciendo sobre
el duende con quien desayunaste.
Contáme la vez que te hicieron esclava
y te coronaron reina de corazones bobos.
Sí, vení, más cerca, junto a mis heridas,
ahora que son las dos de la mañana
y el alma se nos embruja, se nos contrae
y la tenemos clara, pura, explícita.
Contáme los secretos zarcos
que le oís a tus pechos
cuando estos te creen
frente al trance, aún dormida.
Decíme sobre las pinturas
que se parecen a tu cabeza
y contáme de las cabezas
que se aparecen en tu pintura.
Contáme del mar abierto,
agitándose en tus piernas sin cruzar;
Del follaje subyacente en el ojo
de aquellos que te hablaron sin entenderte nunca.
Decíme todo y te cuento de la nada
y así de paja en paja
quedarnos con las ganas
de volver a oírnos en otra vida.
Pues ya acaba lo más tarde
que puede ser.
Vámonos.
Las primeras aves regresan,
las flores vuelven al camino.
Vámonos.
Las sórdidas ventanas –ojos imperecederos-
se abren y es la luz la que nos busca.
Vámonos
-eternamente Karlen
de los espejismos-
pronto los muertos
van a levantarse.
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domingo, 6 de septiembre de 2009
jueves, 30 de julio de 2009
COMERCIAL Y POEMA

Fe
Déjame una amapola por si no termina el aguacero
Ya los policías se han llevado a mi padre sospechoso de nada
a mí me dejó el cuchillo de su crimen de dos corazones partidos
Yo te dejo mi palabra como barco de papel y por sombrero.
Déjame una amapola,
el último vuelo en alfombra de luz al jardín perdido.
Ya los policías se han llevado a mi padre sospechoso de nada.
Creo en una amapola de tu parte
Creo en el cuchillo de mi padre sin ser carnicero
Amo las espinas y creo en un cielo orinado por chacales
pero creo más en ti, en nuestra carta sin sello ni destino
mas mi padre no cree
y desde su cárcel a gritos me llama loco, ¡Loco!
¡oh, aguacero!
El aguacero, mi amor...
Si tan sólo mi padre creyera
que una lágrima nos puede salvar del aguacero.
viernes, 19 de junio de 2009
CANCIÓN INFANTIL
Mambrú se confiesa ante un cigarro
y su mirada se pierde en el horizonte.
Tiene en sus manos todo el tiempo
para ser todas las personas del mundo.
Guarda atardeceres muertos
en sus bolsillos como fetiche,
y descansa su cabeza
sobre la primera piedra pecadora
que fue lanzada al infinito.
Adormecido escribe un poema en las nubes
que pronto ha de enterrar la historia.
Su corazón es tan grande
que hace de su inocencia un mar de estupideces.
Se le arremolinan los pensamientos
en los agujeros engendrados
en sus tormentas de medianoche.
En lo subterráneo de su llanto
busca un regazo donde aprender a soñar,
donde dejar la carne y conocer su espíritu.
Pero Mambrú retorna la mirada del horizonte
y sabe que todo el tiempo
sólo le alcanza para ser él
¡Y sus bolsillos empiezan a podrirse por tantas tardes!
Alza la piedra y deja su cabeza tirada en el infinito;
Ve que no hay nubes ni historia,
sabe que su poema es una pequeña estupidez
en un mar de corazones
¡Y empieza a sentir la resaca de todos los agujeros!
Son sus labios yertos los que reclaman
soles aún no amanecidos.
Odia no encontrar su espíritu,
el sueño ni el regazo abierto.
¡Hace rabieta, y hace musarañas dentro de sí mismo!..
Por hoy la luz del tabaco se extingue
entre la respiración de los cristales,
y Mambrú comprende desde ahora
que él sólo es el humo que se volatiliza
del cigarro de alguien más.
y su mirada se pierde en el horizonte.
Tiene en sus manos todo el tiempo
para ser todas las personas del mundo.
Guarda atardeceres muertos
en sus bolsillos como fetiche,
y descansa su cabeza
sobre la primera piedra pecadora
que fue lanzada al infinito.
Adormecido escribe un poema en las nubes
que pronto ha de enterrar la historia.
Su corazón es tan grande
que hace de su inocencia un mar de estupideces.
Se le arremolinan los pensamientos
en los agujeros engendrados
en sus tormentas de medianoche.
En lo subterráneo de su llanto
busca un regazo donde aprender a soñar,
donde dejar la carne y conocer su espíritu.
Pero Mambrú retorna la mirada del horizonte
y sabe que todo el tiempo
sólo le alcanza para ser él
¡Y sus bolsillos empiezan a podrirse por tantas tardes!
Alza la piedra y deja su cabeza tirada en el infinito;
Ve que no hay nubes ni historia,
sabe que su poema es una pequeña estupidez
en un mar de corazones
¡Y empieza a sentir la resaca de todos los agujeros!
Son sus labios yertos los que reclaman
soles aún no amanecidos.
Odia no encontrar su espíritu,
el sueño ni el regazo abierto.
¡Hace rabieta, y hace musarañas dentro de sí mismo!..
Por hoy la luz del tabaco se extingue
entre la respiración de los cristales,
y Mambrú comprende desde ahora
que él sólo es el humo que se volatiliza
del cigarro de alguien más.
domingo, 31 de mayo de 2009
Llorando como Héctor
Abres los ojos en los ojos cerrados de los muertos
y así despiertas en el desaire que buscabas.
Lavándote las manos que les cruzan el pecho
evitas conversaciones indagatorias sobre un pasado
que ya no recuerdas.
De igual manera escapas de las sombras del árbol
y sus raíces;
De los frutos que no te conviene probar.
Y llegas así desnudo a la tumba de los dioses,
a leer en tus venas como los hombres pusieron en ti
los demonios que eres,
a caer en la boca del huracán
quien pronuncia tu nombre
mientras miles de espejos circundantes
sufren tu horrible cara de ayer y hoy.
Mas eres lo que quieres y lo reniegas mucho:
Cielo vértigo de un abismo, cielo sonámbulo
de las cinco menos cuarto de la mañana;
Oscuro, pantanoso, huraño y frío.
Cielo por el que nadie daría mucho
-cielo que nadie percibe-
del que nadie espera nada.
Mas tú bien sabes, las cuchillas son muchas al fantasear
y te clavan asesinos en la espalda.
Por eso, arrastrando los ladridos de tus pasos he sentido
como llevas por las calles tu animalesco mal,
teniendo esa fea costumbre de aparecer montado
en las maldiciones masticadas por los mudos,
de hacer trucos de mal gusto en medio
de esa gente linda de ropita extraña.
Has despertado entre muertos tantas ocasiones,
lejos del fluir multicolor de los ríos de noviembre.
Apareciendo tú, pues inútil,
como el ganso desorientado;
que adentrándose en la densa atmósfera de una piedra
sueña con llorar e incendiarse...
y así despiertas en el desaire que buscabas.
Lavándote las manos que les cruzan el pecho
evitas conversaciones indagatorias sobre un pasado
que ya no recuerdas.
De igual manera escapas de las sombras del árbol
y sus raíces;
De los frutos que no te conviene probar.
Y llegas así desnudo a la tumba de los dioses,
a leer en tus venas como los hombres pusieron en ti
los demonios que eres,
a caer en la boca del huracán
quien pronuncia tu nombre
mientras miles de espejos circundantes
sufren tu horrible cara de ayer y hoy.
Mas eres lo que quieres y lo reniegas mucho:
Cielo vértigo de un abismo, cielo sonámbulo
de las cinco menos cuarto de la mañana;
Oscuro, pantanoso, huraño y frío.
Cielo por el que nadie daría mucho
-cielo que nadie percibe-
del que nadie espera nada.
Mas tú bien sabes, las cuchillas son muchas al fantasear
y te clavan asesinos en la espalda.
Por eso, arrastrando los ladridos de tus pasos he sentido
como llevas por las calles tu animalesco mal,
teniendo esa fea costumbre de aparecer montado
en las maldiciones masticadas por los mudos,
de hacer trucos de mal gusto en medio
de esa gente linda de ropita extraña.
Has despertado entre muertos tantas ocasiones,
lejos del fluir multicolor de los ríos de noviembre.
Apareciendo tú, pues inútil,
como el ganso desorientado;
que adentrándose en la densa atmósfera de una piedra
sueña con llorar e incendiarse...
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