Déjame morir, madre,
aunque con ello te duela la vida.
Porque he leído el llanto en las paredes de esta casa.
He dormido en la helada punta de los gritos.
Incandescentes son las sombras desde su núcleo.
Yo no he podido atar las perdiciones de mi carne.
Soy uno más que lleva su cruz entre las urgencias de la lluvia.
He rodado por los peldaños de mi propia muerte inconclusa tantas ocasiones.
Cristo ha visitado mis sueños y ha salido preñado de hierbas agridulces y tormentas
Soy pagano por adorar el polvo de los meses que concluyen con sal en sus bocas
Déjame morir, madre, aunque con ello te duela la vida
Pues la escarcha ardorosa monta las arterias que forman la noche.
En esta casa aprendí a escribir con los dedos rotos.
El sol se hunde en las heridas del hombre,
su oxidado aliento calienta mis mejillas demasiado tarde.
Todo es demasiado tarde en brazos del amante fermentado que es el odio mismo.
Sólo conozco parques y plazas abandonadas, mi ternura ha sido relámpago mortífero
entre las sedas
He propiciado la ruina del destino, me duele la sangre.
Sé de los dientes en el barro, las llagas hijas del fuego de los hombres.
Sé de los hombres como mentiras de sí mismos.
He sostenido el silencio en mis manos y he besado sus manos.
He sobrevivido más de lo que creían...
Déjame morir
aunque con ello te duela la vida, madre.
martes, 20 de enero de 2009
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