Has vuelto al corazón donde se perdió tu vida,
donde una vez lloraste largos mantos de niebla.
Donde te dolías con la sangre entrecortada
al sonar la noche en tus cartílagos huecos.
Ahí naufragabas y vivías sin merecer
el agua mineral que bebías de las heridas de tu madre.
Nunca te importó el arpa sin cuerdas
que estremecía con su voz de humo tu tacto sin destino.
No reparaste en el dios muerto que llevabas colgado al cuello.
A los colores
los empañaba un coro de niñas ahogadas en tu sangre
Por eso odiabas los arco iris
y las mañanas te eran beso soez en la frente del tiempo.
Ahí era donde gestabas las tormentas,
Ahí vomitabas todos los incendios.
Vos,
hombre de la sombra más hambrienta,
hombre con los sueños rotos en las estrellas y las campanillas,
con la púa de la melancolía hasta el fondo de las palabras
cuando la luz declinaba su rostro ante el veneno de la soledad
Pero aprendiste del odio, la verdad del cariño
De la muerte de las flores, la eternidad de los aromas.
Nació una lágrima alada con olores a galleta
y el pozo tuvo su fondo en el génesis de una sonrisa.
En tu espejo fue el reflejo del mundo de ahí en adelante.
De los inmundos restos de quienes se llamaron tus amigos
y te dejaron con el machete desnudo sobre el fuego de las lágrimas,
se alzó en vuelo una galaxia de mariposas
que ahora te llevan de la mano a adivinar las formas de las nubes
Entonces vino la muerta para lo que te mataba y nació el milagro,
Vino el amor sellando las bóvedas del egoísmo,
humectando con su saliva tus tristezas.
Ahora,
has regresado al viejo corazón a heredar la nueva vida,
chorrocientos días después.
sábado, 21 de marzo de 2009
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