Madre:
Hoy vi a unos
niños matar un pájaro.
Le lanzaron una piedra
y el animal cayó al suelo.
Aún estaba con vida
cuando uno de esos niños
lo tomó entre sus manos,
y junto con los otros
rieron crueles.
Ese niño
le extendió las alas
sin importarle
que una de ellas estaba rota.
Y así como si de un títere viejo se tratase,
forzó en mofa su vuelo.
El pájaro agonizaba,
algunas plumas se desprendían
de su ya miserable cuerpo,
otras le eran arrancadas.
Le partieron el pico, le dañaron un ojo.
Los niños al atardecer se aburrieron.
Tomaron al ave por las patas
y ya de cabeza
vueltas le condenaron a dar
¡Cantaban rondas de muerte y miedo!
Era un cuadro de horror, Madre,
¡Niños que jugaron a matar!
Pero como el pájaro inerte
ya no era divertido,
después de pisotearlo un poco,
le dejaron tirado en el césped
y observaron curiosos
como el animal lentamente
era devorado por las hormigas.
¡Oh! Madre,
a penas si puedo verte
a través de mis ojos
llenos de tantas lágrimas,
dime,
que será de mí
cuando haya dejado el nido,
y el mundo me encuentre
y me lance la piedra.
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