Irremediablemente soy frío y oscuro
como una lágrima de sol.
Mis ojos han apoyado sus codos en la belleza del silencio.
Camino entre los sueños de las verdades a medias
cuando colgado de mi boca parezco adormecido.
Yo, hombre triste, he descubierto nuevos colores al otro lado del pañuelo
y bendigo este rincón donde veo naufragar los planetas,
donde de la mano del amor comprendo mejor el cielo y su terrible aroma a infinito
Bajo el invierno que invoco yace la cálida rosa.
Perdóname mi cara larga pero ella es algo que nunca entenderías.
Discúlpame mi repentina sacudida de estrellas
Perdón por estas paredes que nos separan.
Déjame corregirlos:
El hombre triste tiene la mayor de la sonrisas
y los que caben en ella lo saben.
Déjame por eso esta melodía muda y sorda,
este paseo a lo desconocido en alfombra mágica,
déjame sentado bajo este árbol que sólo yo veo.
Llámame, “navaja sobre las muñecas de los deprimidos”
“disparate en la boca desdentada del menesteroso.”
Perdóname si lloro en tu cumpleaños
y rebalso de una risa abominable pero hermosa en el entierro de tu abuelo.
En definitiva,
discúlpame
por vivir de luto mi alegría
como una fría y oscura lágrima de sol…
jueves, 29 de enero de 2009
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