jueves, 29 de enero de 2009

Amapolas

Eres el saludo de la mañana
que todo ser quiere para sí,
pues sanas en tus ojos
las heridas provocadas
por los malos sueños de la noche anterior.

¡Hazme espacio en tu fértil
vientre de nube morena y limpia!
¡Enterraré en ti mis pesadillas,
conviértemelas en flores!

Pues yo también necesito
de tus designios
en los caminos finales de la vida.

No pases distraída por mi ventana
-no soy ningún insecto nocturno.-
Tráeme el alba aún dormida,
y sentada junto a mí
deja salir para nosotros
el sol que reluce húmedo en tus labios.

Muéstrame las coloridas
aves que anidan tu garganta,
y al hablarme regálame
notas musicales de todos los sabores.
Que tu cuerpo en mi cuerpo
trascurra inmanente.

Desnúdate con el sueño
de la última estrella que se esfuma,
y enséñame la hermosa primavera
que se mueve y en tu corazón respira.

Mójame con el rocío temprano
de lagrimas jubilosas.
Yo también necesito esos aromas
a día recién nacido que dejas al tocar.

Me es preciso entender la miel
de tus pasos,
e interpretar el temblar
de mariposas entre tu risa y mi silencio.

Tú, mi cielo conquistado a fuerza de un suspiro,
Magnífico edén en el centro de un abismo.
Tú, -tibio aliento de nuevo mundo que despierta –
Mágica brisa de luz
en las manos tristes de un ciego
que se enamora de la mañana.

1 comentario: