lunes, 25 de junio de 2012

50 años de poesía joven en El Salvador

Antes de 1960 no había en El Salvador una antología poética específica que mostrara los nombres, las tendencias, las propuestas de los jóvenes poetas del momento. Antes de esa fecha los más jóvenes siempre eran puntos de cierre en cada una de las antologías que se producían. Véase ejemplos desde la misma Guirnalda Salvadoreña, primera antología en la historia literaria de El Salvador, (publicada en tres tomos: 1884, 1885 y 1886). Ésta inicia con los poetas pre y pos independentistas, y concluye con los más jóvenes del grupo que apareció en 1882, entre los cuales se encuentra el novel Francisco Gavidia (1863, 64, 65?-1955).

Parnaso Salvadoreño, compilatorio que le sigue a la Guirnalda, fue publicada en 1917 en Barcelona, España por La Casa Maucci. Abre con los poetas pre y pots-independentista (así como su antecesora) y culmina con jóvenes como Jorge F. Zepeda y Alberto Rivas Bonilla (1891-1985) entre otros.

Este criterio tan natural en las antologías, y aún vigente, también se registra en la recordada e inusual Puño y letra, de Oswaldo Escobar Velado, quien arranca desde Francisco Gavidia hasta finalizar con los jóvenes de aquellos días: Roque Dalton (1935-1975), Manlio Argueta (1935) y Roberto Armijo (1937-1997).

Un año después, en octubre de 1960 apareció publicada la primera antología destinada a mostrar el panorama de la poesía más joven de El Salvador. El siguiente es un pequeño recorrido por esas antologías dedicadas a presentar a esa “poesía joven” que ha ido apareciendo durante estos 50 años en la Literatura Salvadoreña.
Dicho recuento no pretende mayor cosa que poner al alcance del lector y estudiantes en general, ciertos datos sobre estos volúmenes que con el paso del tiempo han pasado a un cierto olvido, pero que sin duda son siempre un parámetro importantísimo para saber los rumbos que ha tomado la poesía actual, y tener así, un amplio panorama de su evolución.
A continuación se presentan las seis antologías de poesía joven salvadoreña que se han publicado entre 1960 y 2010.


Poetas Jóvenes de El Salvador (1960) de José Roberto Cea. Publicada por “Ediciones Tigre de Sol”. En las páginas prologales el antólogo manifiesta el carácter innovador de su muestra:“Por vez primera en nuestro país un trabajo de esta naturaleza ve la luz pública (...) en El Salvador, carecemos de esta clase de publicaciones y creemos necesario que la antología es uno de los poco vehículos hábiles de circulación que tienen los poetas, más aún los jóvenes (1960:7) Esta antología Incluye a los siguientes poetas: Ricardo Bogrand (1930), Eugenio Martínez Orantes (1932), Waldo Chávez Velasco (1933), Mauricio de la Selva (1930), Ítalo López Vallecillos (1932), Álvaro Menen Desleal (1931), Jorge A. Cornejo (1923), José Enrique Silva (1930), Lilian Jiménez (1922), Irma Lanzas (1933), Mercedes Durand (1933), Armando López Muñoz (1930), Roque Dalton García (1935), Manlio Argueta (1935), Roberto Armijo (1937), José Roberto Cea (1939), Tirso Canales (1930), Rafael Gochez Sosa (1927) e Hildebrando Juárez (1939).

El autor consigna lo siguiente en páginas más adelante: “Esta antología la inician los poetas surgidos en 1950 y la concluyen los de la última oleada (…) los jóvenes están ordenados no por su fecha de nacimiento, sino por la de su aparición literaria.” En otras palabras la antología abraza a dos grupos específicos, aquellos que conformaron la “Generación Comprometida”: el Grupo Octubre y el Círculo Literario Universitario.

Algo se habló sobre este libro en el ámbito centroamericano, comentarios como el del poeta, investigador y profesor guatemalteco Francisco Albizúres Palma, se hicieron escuchar: “Queda un documento de excepcional valor como testimonio de su teoría y práctica poética: la antología Poetas Jóvenes de El Salvador. En los poetas de este grupo (…) se advierte un ímpetu de denuncia y protesta social, como actitud dominante, y un aprovechamiento de la vanguardia.” (2002:27)

En el prólogo a su antología, La margarita Emocionante (1979) Horacio Castellanos Moya, opina, con sobrada distancia en el tiempo, lo siguiente con respecto al libro de Cea: “Un total de 19 poetas muestran un panorama bastante amplio de la poesía que se escribía por ese entonces. Aunque en realidad la mayoría se caracteriza por no poseer todavía una obra poética significativa.” (1979:8)
Asimismo, el poeta Javier Alas en el prólogo a su antología Piedras en el Huracán (1993) escribe: el núcleo de este volumen es la “Generación Comprometida” la falla de dicha antología fue el espacio tan parco para los diecinueve antologados. En esa medida quedó severamente compactada” (1993:13)
Publicada en 1960, este volumen marcó hito en la historia de la poesía salvadoreña al ser la primera en su género.

25 Poetas Jóvenes de El Salvador (1971) de José Luis Valle. Publicada por el Ministerio de Educación en un tiraje total de 500 ejemplares, según se señala en dicho libro. Cronológicamente es la segunda antología de poesía joven salvadoreña. Un gran misterio ha rodeado siempre a este volumen. Esto debido a los pocos datos que se tienen. Algunos libros citan la obra, otros autores no la reconocen o la desconocen totalmente. Esto ha dado lugar a especulaciones si tal trabajo existió o no. No se sabe por qué corrió tal suerte, por qué tan duro olvido cayó sobre ella. Ni si quiera los antólogos posteriores la tomaron como referencia, ya sea por desconocimiento o porque no les pareció importante. Pero la incógnita se revela: la antología fue editada y no trae a 25 poetas, como lo dice su nombre, la antología de Valle presenta a 31 autores. El libro carece de información de los poetas y del origen bibliográfico de los textos, su prologo dice lo siguiente: Este libro es la respuesta espiritual más elocuente al proceso de automatización y materialización que tanto nos alarma y espanta: 31 (y no 25) poetas jóvenes, en este país tan contradictorio y nada generoso para el cultivo de todo lo que no sea moneda. Es tan vigoroso y significativo el movimiento literario actual en El Salvador, que dudamos nos pueda superar otro país con iguales recursos y trayectoria creativa. Hacer una selección de poetas es tarea temerosa y arriesgada. Pensar en no equivocarse es algo utópico. Querer justificar errores resulta ingenuo. Muchos críticos profanos desconocerán y tratarán de vapulear nuestra labor. Pero eso no nos preocupa, porque ya sabemos lo fácil que es criticar y destruir. Libres de intrigas, personalismos y apasionamientos, ofrecemos esta amalgama de sueños y ritos. Lo que me faltó decir lo dirá cada uno de los poemas siguientes. Como dato curioso existe un cuento que relata las peripecias de un joven aficionado a las antologías por encontrar este libro. Relato donde lo ficcional y lo verídico se conjugan. Los autores que conforman la antología “25 poetas jóvenes de El Salvador” son: Julio Iraheta Santos (1940), Salvador Juárez (1946), José María Cuellar (1942), Ricardo Castro Rivas (1938), Uriel Valencia (1940), Mauricio Marquina (1945), David Escobar Galindo (1943), Roberto Monterrosa (1945), Rafael Mendoza (1943), Herman Méndez, Ricardo Lindo(1947), David Hernández (1955), Manuel Sorto (1950), Alonso Montoya y Barra, Ulises Masís (1925), Alfonso Quijada Urías (1940), Juan Pablo Armando Martínez, José Luis Valle (1944), Jorge Campos (1938), Eduardo Sancho (1947), Jaime Suárez (1950), Rigoberto Góngora (1951), Ricardo Humano, Alejandro Masís (1947), Luis Felipe Minero (1947), Salomón Rivera (1945), Emiliano Androski Flamenco (1945), Ovidio Villafuerte (1943), Rolando Costa (1941), Reyes Gilberto Arévalo (1948) y Salvador Silis (1948).

La duda y el misterio crecieron a lo largo de los años posteriores a su publicación. He preguntado a los testigos de esa época, el porqué de tan mala suerte la de este compilatorio, a lo que ellos me han respondido que es debido a la poca difusión, y lo más seguro es que nunca se hizo el depósito legal. En realidad son pocos los estudiosos que han tenido acceso al libro. Por lo menos queda este documento que válida la existencia de la segunda antología en El Salvador, dedicada por completo a la poesía de los jóvenes.

Poesía Salvadoreña 1963-1973 (1974) Publicada en México, por la llamada Asociación de Escritores Salvadoreños, la cual estaba articulada por los siguientes escritores: Rafael Gochez Sosa, Tirso Canales, Rafael Mendoza, Julio Iraheta Santos, Alejandro masis, Carlos Balaguer, Salomón Rivera, Renán Alcides Orellana, entro otros.

Ésta muestra a los autores que desde 1963 comenzaron a publicar en revistas efímeras y folletines. Si Poetas Jóvenes de El Salvador (1960) mostraba a lo mejor del Grupo Octubre y el Círculo Literario Universitario, en esta antología figuran lo más destacado de los grupos Piedra y Siglo, La Masacuata y La Cebolla Púrpura, además de algunos otros poetas de formación individual. Los autores incluidos en este volumen fueron: Reyes Gilberto Arévalo (1948), Jorge Campos (1938), Ricardo Castrorrivas (1938), José María Cuellar (1942), Otto del Valle (1944), David Escobar Galindo (1943), Luis Galindo (1929), Alfonso Hernández(1948), David Hernández (1955), Miguel Huezo Mixco (1954), Julio Iraheta Santos (1940), Salvador Antonio Juárez (1946), Sonia Mirian Kury (1948), Alejandro Masís (1947), César Ulises Masís (1925), Rafael Mendoza (1943), Roberto Monterrosa (1945), Humberto Palma (1947), Alfonso Quijada Urías (1940), Salomón Rivera (1946), Manuel Sorto (1950), Jaime Suárez Quemain (1950), Uriel Valencia (1940), José Luis Valle (1944), Víctor Valle (1941), y Ovidio Villafuerte (1943). Como puede notársela, la nomina es muy similar a la de 25 Poetas Jóvenes de El Salvador (1971).

Pese a que su prólogo manifiesta lo siguiente: en El Salvador, durante los últimos diez años, son muchos los jóvenes poetas que están realizando una obra con novedad, de expresiones y contenidos valiosos. Menos conocidos que los poetas de generaciones anteriores, todos ellos se distinguen por el notable esfuerzo en desarrollar su labor literaria, en condiciones adversas(…) Para Horacio Castellanos Moya es todo lo contrario. En la ya citada compilación La margarita Emocionante espeta al respecto: “ (…) esta muestra antológica constituye una involución, un paso regresivo en lo que a antología se refiere. Incluye a 26 poetas sin ningún criterio selectivo serio, una verdadera lista de clientes a los que se les publica un par de poemitas para que se vea que están en el negocio. Poemas demasiados espontáneos, repetitivos en cuanto a temas y formas, sin ninguna exigencia, faltos de trabajo, en fin, una muestra que no aporta lo más mínimo al desarrollo de la literatura.”

Pese a esto, Castellanos Moya incluyó para su propia antología a Miguel Huezo Mixco, que ya había aparecido en Poesía Salvadoreña 1963-1973. Con el tiempo otra vez como distancia de por medio y un poco menos incendiario, Javier Alas, en el prólogo a Piedras en el huracán, dice con respecto al compilado de la Asociación de Escritores: “(…) otra obra es Poesía Salvadoreña 1963-1973, en la cual un verdadero alud de nombres (veintiséis) pasa por sus páginas” es una antología que se desborda irremediablemente, incapaz de contenerse a sí misma.” (1993:12)

Si bien no logró librase de las peores críticas, este volumen es de suma importancia para quien quiera eslabonar las continuidades dentro de la poesía salvadoreña. Ya que esta antología, en ese aspecto contiene nombres de autores que ya para los últimos veinte años del siglo XX habían dejado de escribir, o habían muerto, de cualquier forma habían desaparecido por completo del mapa literario salvadoreño.

La Margarita Emocionante (1979) de Horacio Castellanos Moya. Publicada por la Editorial Universitaria. Tomando sui nombre de uno de los versos del poeta Roque Dalton Ésta es una muestra nada más de seis poetas. La obra, según el autor únicamente obedece a sus propios intereses y gustos, y no se trata pues de una antología general de la poesía joven, en clara rferencia a la antología General de la poesía de El Salvador compilada por Cea y publicada en 1971. El autor aclara definitivamente: “Se trata pues de la novísima generación que comienza a publicar después de 1972”. Los poetas que aparecen en ella son: Miguel Huezo Mixco (1954), Mario Rodríguez Mejía (1955), Roger Lindo (1955), Nelson Brizuela (1955), Roberto Quezada (1956) y el mismo Horacio Castellanos Moya (1958).

Por su reducido número de antologados, se la ha negado el carácter de antología y se la relegado muchas veces a un pequeño volumen colectivo, lo cierto es que pese a ser el compilatorio de poetas jóvenes con menos incluidos en la historia de la literatura salvadoreña, tiene una importancia capital en nuestras letras. Autores que dejan a un lado la denuncia como asunto poético, que había sido constante en los jóvenes, y escogen vías más conversacionales, la vivencia extrema de las cosas, llena de humores y desenfados, dejando de un lado los tintes líricos en la mayoría de los antologados. De consideración es pues, La margarita Emocionante como peldaño importante en la historia de las antologías de poesía joven en El Salvador.

Piedras en el Huracán (1993) de Javier Alas. Publicada por la Dirección General de Publicaciones e Impresos. En ella se propone mostrar la poesía de los jóvenes de los ochenta, principalmente del núcleo que empezó a publicar en los años 1985 y 1986. Una selección de dieciséis poetas con sus respectivas referencias biográficas. Los incluidos fueron: Luis Alvarenga (1969), Otoniel Guevara (1967), David Morales (1966), Wilfredo Peña (1965), Edgar Iván Hernández (1965), Rosa Ivonne Melgar (1965), Gabriel Otero (1965), Amílcar Colocho (1965), Javier Alas (1964), Arquimides Cruz (1964), José Antonio Domínguez (1963), Alfredo Ernesto Espino (1962), Fernando Romero Torres (1961), Eva Ortiz (1961), Edgar Alfaro (1958) y Nimia Romero (1958). La mayoría de ellos del reconocido Taller Literario Xibalbá. A mi parecer ésta es la antología más equilibrada, sin desmesuras ni carencias en todo sentido, sobria, innovadora en su presentación: Los autores aparecen cronológicamente, de menor a mayor, otorgándole una particularidad especial al recorrido.

Como se dijo, este volumen de poesía joven, presenta a los poetas que les tocó enfrentar la guerra en el pleno apogeo del conflicto. Entre otras cosas, Alas comenta en su exordio algunas particularidades del grupo antologado, y también, algunas hacia autores destacados dentro de la muestra como David Morales, Eva Ortiz y Otoniel Guevara. Es de mención el hecho que también incluyó en su trabajo a poetas caídos en combate, como lo fueron Amílcar Colocho (1965-1990) y Arquímides Cruz (1964-1989). Del mismo modo, es interesantísimo el hecho que en el prólogo se rechace sin titubeos el epíteto de “Generación de la Guerra” que algunos habían adjudicado a los poetas de este grupo. El compilador dice: “Si bien todos los antologados han sido tocados por las múltiples punzas de la guerra, no tienen el sentimiento de estar abanderados por ella. Lo de “Generación de la guerra”, es un rótulo pretenciosos para ellos y prefieren dejarlo a la probable agencia publicitaria donde nació” (1993:16)

Curioso que tuvieron que pasar 14 años desde la última antología (La Margarita Emocionante) para que el país volviera ver una antología de esta naturaleza. Parece que el conflicto fue un túnel demasiado largo y un camino muy escabroso que impidió el trascurso normal de muchas cosas.


Alba de Otro Milenio (2000) de Ricardo Lindo. Esta antología abarcó a treinta poetas jóvenes entre las edades de 33 y los exactos 20 años. A esta antología la caracteriza su escasa información de autores así como la poca selección de poemas en la mayoría de los antologados. Los poetas incluidos para este trabajo fueron: Aída Párraga (1966), David Morales (1966), Álvaro Darío Lara (1966), Otoniel Guevara (1967), Manuel Barrera (1967), Julio Villarán (1967), Carlos Bucio (1967), Luis Alvarenga (1969), Xiomara Rodríguez (1969), Ernesto Flores (1969), Mezti Súchit Mendoza (1969), Miltón Doño (1970), Manuel Godínez (1971), Greta Isadora Valle (1972), Daniel Castillo (1972), Lya Ayala (1973), William Alfaro (1973), Margarita Majano (1974), Elmer Menjívar (1974), Rainier Alfaro (1974), Carlos Clará (1974), Alfonso Fajardo (1975), Oscar Perdomo (1977), Luis Angulo Violantes (1977), Mariano Guzmán (1977), Nathalia Domínguez (1977), Tania Molina (1977), José Mario Henríquez (1978), Mauricio Vallejo Márquez (1979) y Rafael Mendoza López (1979).
Como se puede notar algunos autores que aparecen en este volumen, también lo hacen en Piedras en el Huracán, de Javier Alas.

En su blog personal, “Tribulaciones y Asterisco,” el poeta y narrador Rafael Menjívar Ochoa opinó ampliamente sobre esta antología, que para él, es quizá el compilatorio más estigmatizado de la literatura Salvadoreña. Esa aseveración no está lejos de ser verdad, dado que la antología recibió, con el paso del tiempo, muchas críticas. Menjívar Ochoa en el referido blog, comparte: “Alba de otro mileno recoge poemas de los que se veían como los escritores jóvenes con mayores posibilidades de tomar la batuta en el siglo XXI de la poesía salvadoreña, o ésa era la apuesta de Ricardo Lindo, el antólogo.

Las críticas más amargas cayeron sobre el libro --en buena medida por quienes no fueron incluidos-- porque “no le atinó” a la mayor parte de las “apuestas”: una buena proporción de los poetas incluidos desapareció del mapa de la literatura, otra proporción bastante amplia se estancó en sus propuestas, e incluso involucionó, o se quedó en la repetición de las mismas fórmulas --y hasta de los mismos poemas--, y sólo muy pocos continuaron escribiendo y mejorando la calidad de sus textos. Hubo algunos poetas jóvenes que después hicieron cosas interesantes e incluso importantes, que ya andaban por allí y no están en el libro, como Jorge Galán y Susana Reyes, y tampoco era obligación de Ricardo Lindo incluirlos o suponer que había allí buenos prospectos” (Tribulaciones y Asteriscos. Disponible en: http://rmenjivar.blogspot.com)

Pese a todo lo que pudo o puede decirse con respecto a esta antología, su valor es innegable, como punto de referencia si quiere verse así, con las anteriores antologías de poesía joven y en ella, se puede percibir, sobre todo en los autores más jóvenes, un preludio de las nuevas experiencias de la poesía actual.


Una Madrugada del Siglo XXI (2010) de Vladimir Amaya. Salió a la luz pública en marzo de 2010. Este recopilatorio presenta a las voces más jóvenes y recientes dentro de la poesía nacional. Se trata del grupo emergente que empieza a darse a conocer en los primeros diez años del nuevo siglo. El trabajo se encuentra delimitado por el año de nacimiento de los antologados (de 1980 a 1989). En este volumen son 34 los autores incluidos, donde además de notas y comentarios acerca de algunas características del quehacer poético de este grupo, cuenta con un prólogo donde se comentan las diferencias más sustanciales y las analogías entre ésta nueva generación y las que fueron jóvenes en los años ochenta y noventa. Los poetas reunidos aquí son: Krisma Mancía (1980), Tomás Andréu (1980), Claudia Meyer (1980), Pablo Benítez (1980), Vilma Osorio (1981), Roger Guzmán (1981), Laura Zavaleta (1982), Oscar Rafailán (1982), Elena Salamanca (1982), Litzardo Rivas (1983), Efraín Rivera Caravantes (1983), Alberto López Serrano (1983), Ana Gabriela Padilla (1984), Teresa Andrade (1984), Sandra Aguilar (1984), Francisca Alfaro (1984), Ana Escoto (1984), Xochitl Cabrera (1984), Mario Zetino (1985), Carlos Alejandro Flores (1985), Miroslava Rosales (1985), Javier Ramírez (1985), Vladimir Amaya (1985), Santiago Vásquez (1986), Inés Gutiérrez (1986), Omar Chávez (1987), Ernesto Bautista (1987), Jonathan Velásquez (1987), Herberth Cea (1987), Manuel Ramos (1987), Nathaly Castillo (1988) y Juan Enrique Carmona (1989).

A los pocos días de haberse dado a conocer la antología, surgieron los comentarios y opiniones acerca de este libro, que a decir verdad, nadie se esperaba.

Algunos puntos interesantes del prólogo son citados por Rafael Menjívar Ochoa en una acotación hecha en su blog, anteriormente citado, en la que dice: “en el recuento surge una de las primeras y más interesantes características de esa generación: dieciséis de los antologados son mujeres. No se trata de una cuestión de género, sino de que, mucha de la mejor poesía joven salvadoreña la están escribiendo, precisamente, mujeres. Los posible motivos podrán ser muchos y los que uno quiera pero, hasta ahora, la participación de las mujeres en la poesía salvadoreña había sido por lo menos marginal” (Tribulaciones y Asteriscos. Disponible en: http://rmenjivar.blogspot.com)


Más adelante, en el mismo comentario señala: “Uno de los puntos que puede resultar incómodo lo hace notar Amaya en el prólogo: la poca influencia de Roque Dalton en los poetas de la muestra. Durante años, escribir “como Roque” era -y quizá siga siendo para muchos- condición necesaria para que la poesía de alguien fuera tomada en serio: temáticas, giros, estructuras, etcétera. Esto daba -y quizá aún dé- una poesía que tiende a la uniformidad -también lo anota Amaya-, a la larga poco interesante y contradictoria con uno de los principios del arte, que es la originalidad.” (Tribulaciones y Asteriscos. Disponible en: http://rmenjivar.blogspot.com)

Siempre en el mismo comentario, pero en tono de una valoración más personal Menjívar Ochoa opina: “Creo que Amaya le apostó a la diversidad de propuestas, a veces en detrimento de la calidad. Sin embargo, hay en por lo menos dos tercios de los antologados un nivel de calidad bastante alto, que podría cuestionar seriamente a muchos de los que ahora se toman como poetas respetados y bien establecidos.” (Tribulaciones y Asteriscos. Disponible en: http://rmenjivar.blogspot.com)

Sobre este trabajo, Miguel Huezo Mixco, desde su columna editorial en La Prensa Gráfica comentó: “Habrán quienes no estén de acuerdo con la lista (un poco extensa), el tamaño de la muestra de cada uno de los seleccionados y la calidad de los versos incluidos, o hasta con el contenido de su prólogo. Pero el libro es, sin duda, una campanada” . Y Javier Alas, desde su blog personal, “Exquisiteces del Ocio” escribió: “el trabajo de Amaya como compilador luce serio (…). La disciplina, el compromiso, dirá en el teórico tiempo futuro, cuanto erró y, lo más importante, cuánto acertó. Será una ganancia para los lectores de poesía. En más de algún caso, el presente libro ya lo es.” (Exquisiteces del Ocio. Disponible en http://calizdelosdeseos.blogspot.com)

Con Una Madrugada del Siglo XXI se pone fin, por ahora, a este recorrido por las antologías de poesía joven salvadoreña. Nadie sabe cuando aparecerá la próxima, o quienes serán a los que presente, o qué parámetros tendrá que nos obligue a mirar a las que le hayan antecedido. Lo que sabemos es lo que tenemos ahora: Seis antologías, cada una gestada en diferentes épocas, cada una con su propio valor y particularidad. Porque cuál es la importancia de una antología si no mostrar la visión de una época con respecto a la poesía en este caso; los valores y criterios en lo que creyeron los autores para decir las cosas con el ademán alevoso, el arrebatamiento, el impulso, el desenfado; el cinismo, la esperanza, el esmero, el cuidado, la rabia y angustia, según dictó el paso del tiempo que les tocó vivir y del corazón pleno que les tocó sobrevivir. Aquí están 50 años de poesía joven de El Salvador, faltan más.


Actualización:

Lunáticos, poetas noventeros de la posguerra (2012) publicada por Índole Editores y cuya selección fue hecha por el poeta Alfonso Fajardo. En esta muestra yacen la mayoría de los poetas que Ricardo Lindo ya había antologado en Alba de Otro Milenio (2000). Como es natural añade a otros, pero en síntesis su intención es la de acercarnos al trabajo de los poetas que en su juventud vivieron el paso de la guerra a la paz. En ella se pueden encontrar a autores puentes que sirven de conexión entre esta “generación” de los noventa y la siguiente, (la del nuevo siglo) autores como Claudia Meyer y Pablo Benítez son parte de ese fenómeno. Este compilatorio carece de prólogo, en cambio se publicaron una serie de artículos en el suplemento Cultural Tres Mil, luego de la presentación oficial del libro, en los cuales se manifestaba una serie de puntos muy contradictorios entre sí. Por una parte se sostenía que este libro no era una antología en sí, pero en otra si se defendía que “Lunáticos” era la antología de los poetas de los noventa y no Alba de otro milenio.

Tal vez inspirados en trabajos anteriores, donde los compiladores fueron poetas que pertenecían al mismo grupo que se presentaba en los trabajos, los poetas de la generación de posguerra quisieron tener la suya con esta característica. Y es que véase los casos desde la primera antología de poesía joven cuyo antólogo era parte de la promoción presentada: José Roberto Cea, luego fue el turno de José Luis Valle, más tarde el de Horacio Castellanos Moya, le siguió Javier Alas, hasta llegar a Vladimir Amaya.

Si se nota, el libro Alba de otro Milenio, compilado por Ricardo Lindo fue la primera antología de poesía joven hecha por alguien externo a la promoción antologada. En ese sentido, personalmente creo que la generación de posguerra dejó o renunció a esa característica que los hacía diferentes a otros grupos anteriores y posteriores: la de la dispersión de sus autores. Fue tanta esta dispersión que nunca hubo alguien entre ellos que se preocupara en su momento de recoger algo de su obra en una antología. Tuvieron que pasar más de diez años para que apareciera en sí, el compilatorio de los poetas de posguerra. Haciéndolos ser tan comunes como cualquier otro grupo. En relación a esto, el poeta Manuel Ramos opina: “Un compilatorio de esta naturaleza, a estas alturas de la historia, creo que pierde su objetivo. O sea, una antología como “Lunáticos” que nos quiere aproximar a la producción de los poetas noventeros, no nos puede dar una panorámica real y fidedigna del momento que vivieron. Apuesto a que muchos de esos poemas incluidos en “Lunáticos”, han sido escritos en la década del nuevo siglo. Creo que a estas alturas de la historia, esos poetas no deberían de estarse preocupando por un libro colectivo, sino más bien, en una obra individual”

En la medida, pueden ser muy ciertas esas palabras, y es que cuando una antología que pretende mostrar una poética de un determinado momento no aparece ni parece estar conectada con el contexto donde supuestamente se ha producido, puede ser muy difícil ser considerada una antología “generacional”, pero al mismo tiempo, creo que todo compilatorio es siempre la foto de un grupo, en este caso ya no tan jóvenes, pero siempre foto. Además, es otra referencia para escudriñar en el futuro.

La lista de los antologados en Lunáticos es la siguiente: Alex Canizalez (1964), Pedro Valle (1965) Susana Reyes (1971), Noé Lima (1971), Lya Ayala (1973), Jorge Galán (1973), Jennifer Valiente (1973), William Alfaro (1973), Carlos Clará (1974), Rainer Alfaro Bautista (1974), Elmer Menjívar (1974), Carmen Molina Tamacas (1975), Alfonso Fajardo (1975), Eleazar Rivera (1976), Erick Chávez Salguero (1976), Luis Angulo Violantes (1977), Paola Lorenzana (1976), Mariela Benítez (1978), Danilo Villalta (1979), Mauricio Vallejo Márquez (1979), Rafael Mendoza López, (1979), Roxana Méndez (1979), Claudia Meyer (1980), Pablo Benítez (1973) y Mayté Gómez (1981).


Referencias:

Alas, Javier. (1993) Piedras en el Huracán. Dirección de Publicaciones e Impresos. San Salvador.

Amaya, Vladimir (2010) Una Madrugada del Siglo XXI. San Salvador.

Asociación de Escritores Salvadoreños. (1974) Poesía Salvadoreña 1963-1973. México.

Castellanos Moya. Horacio. (1979) La Margarita Emocionante. Editorial Universitaria. San Salvador.

Cea, José Roberto. (1960) Poetas Jóvenes de El Salvador. Ediciones Tigre de Sol. San Salvador.

Cea, José Roberto (2002) La Generación Comprometida. Canoa Editores. San Salvador.

Fajardo, Alfonso. (2012) Lunáticos. Índole Editores. San Salvador.

Lindo, Ricardo (2000) Alba de Otro Milenio. Dirección de Publicaciones e Impresos. San Salvador.

Valle, José Luis. (1971) 25 poetas jóvenes de El Salvador. Ministerio de Educación. San Salvador.

Vargas Méndez, Jorge y Morasan, J. A. (2008) Literatura Salvadoreña 1960-2000. Ediciones Venado del Bosque.


Fuentes electrónicas:

Exquisiteces del Ocio. Blog de Javier Alas. (abril, 2010). Disponible en: http://calizdelosdeseos.blogspot.com

Tribulaciones y Asteriscos, Blog de Rafael Menjívar Ochoa. (abril, 2010). Disponible en: http://rmenjivar.blogspot.com

viernes, 23 de marzo de 2012

LA ANTOLOGÍA QUE ERA UNA LEYENDA

Vladimir Amaya

La primera vez que escuché el nombre de ese libro estudiaba aún el bachillerato. En esa ocasión me encontraba en la biblioteca “Belisario Chaco”, arrastrado inevitablemente por una tarea de matemáticas (algo sobre ecuaciones cuadráticas si mal no rememoro). Estaba allí, sumido en mis asuntos cuando de pronto, algo me dio por apartar la vista de mi cuaderno de apuntes, fue cuando la vi: una muchacha, no más de 23 años. Me llamó la atención su bonita figura y un aire intelectual poderoso que trasmitía el sólo verla. No era despampanante su belleza, más bien mesurada sin estridencias inútiles. En pocas palabras tenía lo necesario para atrapar mi curiosidad de adolescente solitario. La chica se acercó a hablarle al vigilante, quien usualmente se quedaba todo el día recibiendo y despidiendo a los visitantes junto a la puerta. El vigilante, corto de carnes y con el mostacho descuidado señaló a las señoras bibliotecarias, quienes estaban justo detrás de mi mesa. Así que la señorita caminó hasta donde ellas, debiendo pasar frente a mí, porque debo decirlo, en mis usuales visitas a la biblioteca, me quedaba cerca del mostrador para no caminar mucho y aligerar mis búsquedas con doña Sofía y doña Carmen, las bibliotecarias. Fue entonces cuando escuché a la muchacha decir el nombre del libro que buscaba: 25 poetas jóvenes de El Salvador. Como siempre pasaba, las señoras se miraron entre sí y se dijeron: “¿Ese no está, verdad?”, “no lo tenemos, parece”, “buscalo en el sistema, Chofi”… “No, no aparece”. Las dos señoras siempre hacían la pregunta clásica cuando la búsqueda por título fallaba: “¿Quién es el autor, disculpe?”. Cuando se la formularon, la chica dijo sin titubear: José Luis Valle. Volvieron a buscar el libro en el sistema y el resultado fue negativo. La muchacha profirió un “gracias” y se marchó decepcionada. Al pasar frente a mi mesa me vio sumido en mi desorden de libros y apuntes. Le sonreí, pero la señorita no se tomó la molestia en corresponder a mi cortesía. Humillado regresé a los números.

Tiempo después volví a escuchar el nombre, ahora en boca de un poeta reconocido. Fue en un evento literario donde salió a relucir el tema de las antologías salvadoreñas. Este poeta la mencionó vagamente. Luego de la actividad, me acerqué a preguntarle más con respecto a la antología. Él fue franco.
–Voy a sincerarme contigo, nunca la he visto. Me contaron sobre el esfuerzo de Valle, nada más.
Aquello abrió mi curiosidad y me pareció interesante el misterio que circundaba a ese libro. Pasaron los años y para marzo de 2007 fui yo quien empezó la búsqueda de dicha antología. Todo debido a que por aquellos días habían decidido realizar la empresa de producir la próxima antología de poesía joven salvadoreña. Para eso me dediqué a buscar a mis predecesores y sus obras. Si bien tenía la mayoría de esos compilatorios, como pasa en estos casos me hacían falta las más antiguas, entre ellas la de José Luis Valle, si es que en realidad se había editado.
Pasé largas noches recopilando la información necesaria, trazando la cronología de estos libros.
Cualquier dato, por muy pequeña la referencia que fuera, me llevaba a un nombre y a otro. Era llenar el círculo: Poetas jóvenes de El Salvador, Poesía salvadoreña 1963-1973, La margarita emocionante, Piedras en el huracán, Alba de otro milenio. Luego de revisar revistas, libros y periódicos, me di cuenta que algo no cuadraba. Había autores que citaban el nombre de 25 poetas jóvenes de El Salvador, pero otras fuentes lo negaban. Estas contradicciones me hicieron dudar si tal volumen existía, más aún cuando los libros donde se citaba la obra no hondaban más allá de apuntar a su autor y el título. Por lo que me vi obligado a emprender una búsqueda específicamente para ese libro. Visité por meses bibliotecas públicas, privadas, sin ninguna señal del ejemplar. Tres años después había concluido el trabajo de mi propia antología, con el vacío de no haber podido encontrar la de Valle que más parecía una leyenda, un cuento inventado por alguien. Caí en una profunda depresión.

Meses después, publiqué en el periódico una breve reseña de las antologías de poesía joven a manera de cometario y con más espíritu divulgativo que otra cosa. Días después de esto me volvió a entrar la fiebre por esa antología. Todo empezó porque, luego de la publicación de mi reseña, fue a buscarme un poeta ampliamente reconocido a mi oficina. Me sorprendió su visita, le ofrecí un poco de agua, la cual aceptó gustosamente. Después de tres tragos fue directo al grano.
–Leí tu artículo sobre las antologías.
–Y, ¿qué le pareció?
–Más o menos. Pero la iniciativa se aplaude. Pero… mirá.
–Ajá, ¿qué pasó?
–Te faltó 25 poetas jóvenes de El Salvador, de José Luis Valle.
–Y entonces existe, porque yo la busqué y por ningún lado está. Por eso no la mencioné. ¿La tiene? ¿Puede prestármela? ¿Qué autores vienen en el libro?
–No fíjate, me la robaron hace tiempo. Y sobre los autores no recuerdo muy bien, creo que viene ahí José María Peralta Lagos, pero no estoy muy seguro.
El poeta siguió aconsejándome para mis próximos artículos, y así como había llegado de precipitado, se fue.
El resto de la tarde no pude concentrarme en mis labores. Sus respuestas no me habían satisfecho: “Me la robaron” y lo de Peralta Lagos era totalmente anacrónico. Un absurdo.
Además, el poeta no quiso responder cuando le pregunté sobre fecha de publicación. Eso me dejaba grandes sospechas. Telefoneé a Manuel para decirle lo que ocurría. Nos vimos en el restaurante chino de la octava avenida, lugar donde solemos almorzar.

Al encontrarnos, le conté sobre la visita del poeta a mi trabajo y de sus respuestas.
Ramos no se anduvo con delicadezas.
–Mirá esa antología no existe, sácatela de la cabeza, viejo, te vas a enfermar.
–Vos me conocés, sabés que me empilo. Algo me huele mal en todo esto.
–Viejo ni los que hicieron antologías antes que vos la mencionan, y eso que en sus prólogos hacen sus famosos recuentos del antecedente. Ni Castellanos Moya, Alas, Lindo… nadie, viejo, olvidalo. Es más, ni siquiera Fajardo en su artículo del Tres Mil, para cuando lo de los Lunáticos y su librito mencionó en algún momento la antología de Valle. Ya no jodás. Esa compilación no la escribieron. Vos como ningún otro debés saberlo bien.
–Pero la información se contradice, te lo conté. Si hay contradicción es porque se ha adulterado el discurso original. Conocés esa teoría.
–Sí la conozco, pero si el discurso es la mentira de que la antología se editó; entonces tu principio base no lo es, porque sencillamente no existe.
–Pero creo que no he agotado todas las instancias y puede…
–Fui con vos a los puestos de libros usados, Vladimir; a las librerías, bibliotecas. Desesperamos a más de un bibliotecario con insistirle que buscara el libro. Mirá, fuimos a bibliotecas del interior del país. A la mera Santa Ana, donde supuestamente nos dijeron que vivía el autor. No hay nada, nunca hubo nada. Calmate, además, si en dado caso lo escribieron, debió de ser un tiraje menor, hecho a mano. Has hecho lo posible, has hecho hasta más de lo que se esperaban. A muchos le gustó tu artículo y el Lic. Sigüenza está orgulloso de vos, y sabés que ese viejo es difícil. Calmate, te vas a enfermar. Dejame comer en paz mi pan con gordillo.

Las palabras de mi amigo sólo atizaron mis ganas de reanudar la búsqueda. Comencé con los libros. Referencias nuevas, aunque arrojaban iguales resultados. Visitas infructuosas a bibliotecas, a puestos de libros usados por todo el centro de la capital y más allá de sus límites. Hasta intenté buscarla en los sistemas en líneas de las distintas bibliotecas con nombres distorsionados. En esta tierra todo cae de la memoria de los hombres y a veces es una sombra de lo que realmente fue por eso: 25 jóvenes poetas salvadoreños, Los 25 nuevos poetas de El Salvador, El Salvador y sus 25 poetas jóvenes. Todo era válido para encontrar una luz siquiera. O era simplemente desesperación. No importaba.

Pasaron ocho meses, así de sencillo. Regresé a mis otras actividades. Comencé a seguir los consejos de Manuel. Olvidé. Me dediqué a mi vida. Pero un día, al salir de mi trabajo y tomar el autobús de regreso a casa. Al pagar los 20 centavos. En el primer asiento de la fila de la derecha, con vestido negro largo, holgado y botas azules, encontré de nuevo a la chica de la biblioteca “Belisario Chaco”. A pesar de todo el tiempo que había pasado no dudé en reconocerla, había engordado un poco de la cara, clara marca del paso de estos 8 años, pero el aire intelectual lo mantenía fresco. Quedé sorprendido, el destino la había puesto frente a mí para acabar con toda esta locura y obsesión. Y tenía sentido todo aquello. Si había alguien en el mundo que podría decirme sobre la antología que andaba buscando era precisamente alguien que anduvo antes por el mismo camino. Me senté atrás de ella. Mi extremada timidez me complicaba el poder entablar conversación y preguntarle si había encontrado el libro después de esa tarde en la biblioteca. Respiré profundo y lo primero que hice fue sentarme a su lado.
–Hola, ¿se acuerda de mí? –comencé como si la frase gastada no fuera tan evidente.
–No –respondió en seco.
-Soy yo. Hace tiempo, en la biblioteca “Belisario Chaco” usted llegó buscando un libro, una antología de poesía, 25 poetas jóvenes de El Salvador. Yo estaba ahí y escuché cuando las señoras bibliotecarias le dijeron que no lo tenían.
–Ahhh –Eso era buena señal, ella empezaba a recordar o sólo a seguirme la corriente, en cualquier caso proseguí:
–Oiga, me urge saber si dio con el paradero del libro o si es sólo una leyenda.
La mujer se sonrió y añadió:
–Yo pensé eso mismo cuando creí que no la encontraría nunca. Que me habían engañado pero…
–Entonces la encontró, el libro existe. –interrumpí ansioso
–Sí, existe, está editado.
Esas palabras agitaron lo profundo de mi alma, le estaban devolviendo el sentido a varios meses de mi vida. Estaba feliz, las palabras de aquella mujer me confirmaba que no había sido una pérdida de tiempo todo aquello.
–¿Dónde la encontró? –le interrogué.
–En Santa Ana.
–¡Cómo!, pero yo fui y no estaba en la biblioteca y me dijeron que el autor estaba fuera del país.
–No, no fue en la biblioteca ni en la casa del autor. Cuando yo fui a preguntar por la antología a la biblioteca de Santa Ana, me dijeron que no la tenían, pero una anciana escuchó y a la salida me abordó, me dijo que a ella le parecía tener ese libro. Así que la acompañé a su casa, buscó en su librera y en unas cajas que tenía junto a ésta. Luego de unos minutos, sacó la antología de José Luis Valle.
–¿Usted tiene el libro? –interrogué
–No, entero no, solo unas copias de los poemas de David Escobar Galindo. Hice un trabajo sobre su poesía y parte del trabajo era rastrear las antologías donde él figuraba.
–ah… Entiendo. ¿Estudió Letras?
–Sí.
–¿En la UES?
–No, en la UCA.
–Ah, mire qué bien, pues.
Y de ella salió la propuesta:
–Oiga, si quiere le puedo dar la dirección y el nombre de la señora.
–Sí, me serviría mucho, le estaría eternamente agradecido.
–Deme su correo electrónico, se lo pasaré por ahí porque sería mentirle, los datos no me los puedo de memoria como para facilitárselos en este momento.
Me dio adonde anotarle la dirección. A todo esto el bus se había llenado de pasajeros y el calor era sofocante.
–En la próxima parada me bajo –me dijo.
Así fue. Se despidió, se levantó y se marchó no sin antes volver a asegurar que me enviaría los datos.

No cabía en mi emoción, no podía creerlo. El libro existía. ¡Incluía a David Escobar Galindo! Esa noche, al llegar a casa, no pude dormir bien. “Si incluye a David Escobar Galindo, entonces debe ser una antología publicada antes o después de Poesía salvadoreña 1963-1973, debe incluir poetas que iniciaron actividad en la década de los años sesenta y….” cosas así pensaba. Mentalmente veía las casillas llenas, todos los libros en mis manos. No podía creerlo. El círculo estaba a punto de completarse. ¡Y de qué manera! esa muchacha, la misma que había empezado tal círculo, había venido no sé qué niebla para ayudarme a ponerle fin.

Los días que pasaron fueron una tortura. La paciencia nunca ha sido una de mis más destacadas virtudes. Una semana después apareció el correo de la mujer en mi bandeja de entrada, con un pequeño mensaje que decía: “Disculpe que hasta ahora se lo mando, había estado un poco ocupada, adjunto los datos. Cuídese y suerte.” Al correo lo cerraba el nombre y la dirección de la señora: Blanca de Aguirre. Barrio El Calvario, calle San José, #228, Santa Ana. Anoté la dirección y hablé con Dinora, mi secretaria, para decirle que el día siguiente no llegaría a trabajar por duelo. Que un tío había muerto repentinamente y tendría que ausentarme. No recordaba la última vez que estuve tan emocionado como aquella noche.

Al día siguiente, me dirigí a Santa Ana. Era jueves y el día amaneció gris. Nunca he sido de viajes y cosas así, pero en esa ocasión era diferente. Llegué a la terminal y abordé el autobús antes que dieran las 9 de la mañana. Durante el camino, me reía de las desgracias que había pasado y de tantos problemas que atravesé para estar a pocas horas frente a frente a la antología; Lo tan cerca estuve la primera vez que veníamos a Santa Ana con Manuel, pero al mismo tiempo tan lejos.
Era verdad, el libro siempre existió. Muchas dudas me saltaban a la cara al preguntarme por qué ese libro corrió con tal suerte. Ser olvidado a tal grado de no aparecer en la historia de las antologías del país. Pensaba también que cuando lo terminara de leer, bien pudiera escribir un artículo decente sobre ese volumen.
Así, con esas cosas en la cabeza, llegué a Santa Ana. Me bajé en el casco de la ciudad y me dirigí a preguntar dónde quedaba exactamente la casa de la señora de Aguirre.

Seguí las instrucciones que me dio un policía, a quien encontré patrullando el parque central a la hora de mi arribo. Llegué hasta la calle San José del barrio El Calvario, en menos de 15 minutos. Antes de llegar a la casa #228 me percaté que afuera de ella había mucha gente vestida de negro, al acercarme vi que la casa estaba repleta de personas. Me quedé afuera totalmente perturbado por todo lo que veía. Había un muchacho entre los adultos que sollozaban. Me acerqué a él y le dije:
–Mirá, está la señora Blanca de Aguirre. El muchacho se me quedó viendo molesto. Tardó unos cuantos segundos en responderme.
–Murió ayer. Ahora la enterraremos.
En ese momento, se me vino todo el mundo encima, o yo caí sobre el mundo hecho pedazos. No lo sé. Me empezó a doler el estómago terriblemente, como si tuviera hormigas rabiosas dentro y marcharan hacia mi cerebro en aletazos de vértigo.
–¿El qué? –alcancé a decir luego de reponerme del la impresión.
–Ayer se nos murió la viejita –me detalló chico.
Ya no tenía nada que hacer en ese lugar. Al final, sí había asistido a unas exequias.
Le di las gracias al joven y me di la vuelta rumbo a San Salvador.
En ese momento se me acercó una muchacha y me dijo:
–¿Y usted qué era de mi abuela?
Me detuve para contestarle a la atractiva morena de ojos verdes.
–Buscaba un libro que ella tenía. Me dieron la referencia y vine desde la capital a buscarla para ver si me lo prestaba para fotocopiarlo, de verdad lo necesito.
–Mi abuela tenía muchos libros. Si quiere pasa adelante y lo busca en la librera. Por mí no hay problema, muchos venían a buscarla para lo mismo y ella nunca se negó.
Con pena, pero con más agradecimiento le sonreí a la muchacha y acepté. De inmediato pasé a la casa. Ella me acompañó explicándome:
–Hemos movido todo de la sala para que hubiera espacio para poner a mi abuela y todas estas sillas que ve, los libros están al fondo del pasillo.
–Muchas gracias –le expresé de nuevo.
La amable joven me dejó ahí buscando la antología entre un verdadero alud de libros.
Empecé a ver cada una de las obras, a desempolvar unas más que otras. A maravillarme con los ejemplares tan extraños que poseía aquella anciana a la que nunca conocí. En la otra habitación, se escuchaban los gemidos, las alabanzas y los rezos. No dejaba de inquietarme toda aquella atmósfera, sin embargo había perdido ya todo trato, sensatez y vergüenza, como aquellos hombres, piltrafas humanas, que por sobrevivir tienen que buscar entre cantidades de basura el sustento diario, así mis manos ya no podían hacer nada más que escarbar y escarbar. Encontrar ese libro.
Treinta minutos después de remover tanto y prácticamente darle vuelta a la librera y a las cajas, encontré la antología junto a unos ejemplares de la obra de Roque Dalton. Era un libro alargado con pintoresca portada: 25 poetas jóvenes de El Salvador se leía al frente. Lo ojeé un momento. Y salí a buscar a la muchacha. Pedí permiso para salir a reproducirlo. Muy cortésmente la muchacha accedió y así pude quedarme con una copia. Regresé a la casa para devolver el libro y despedirme de la nieta de doña Blanca. Le di mis condolencias y pedí que me disculpara por haber llegado en tal momento.
–No hay pena. Que tenga un buen viaje–- me dijo.
Me regaló dos tamales para el camino. Antes de las 2 de la tarde estaba abordando el bus de regreso a la capital. En San Salvador había llovido fuerte.

Al día siguiente, en la mañana le hablé a Manuel para vernos en la hora del almuerzo en el lugar de siempre. Acordamos y sólo fue cuestión de tiempo para mostrarle el hallazgo.
Al llegar la hora de la comida nos encontramos. Nos saludamos, nos actualizamos de lo que había pasado en nuestros respectivos trabajos. Luego, le dije:
–Tengo que enseñarte algo- y le pasé una página en la que yo había escrito
– ¿Un nuevo poema? –me interrogó.
– Leé, a ver qué te parece.
La hoja que le di decía:

25 poetas jóvenes de El Salvador, compilada por José Luis Valle y publicada bajo el sello del Ministerio de Educación, en 1971. Pese a que lleva en su nombre de “25 poetas” en realidad contiene a 31 autores. Por una cronología básica, es la segunda antología de poesía joven en El Salvador. Su tiraje fue de 500 ejemplares de 78 páginas cada uno.
Su prólogo dice lo siguiente:

Este libro es la respuesta espiritual más elocuente al proceso de automatización y materialización que tanto nos alarma y espanta: 31 (y no 25) poetas jóvenes, en este país tan contradictorio y nada generoso para el cultivo de todo lo que no sea moneda. Es tan vigoroso y significativo el movimiento literario actual en El Salvador, que dudamos nos pueda superar otro país con iguales recursos y trayectoria creativa. Hacer una selección de poetas es tarea temerosa y arriesgada. Pensar en no equivocarse es algo utópico. Querer justificar errores resulta ingenuo. Muchos críticos profanos desconocerán y tratarán de vapulear nuestra labor. Pero eso no nos preocupa, porque ya sabemos lo fácil que es criticar y destruir. Libres de intrigas, personalismos y apasionamientos, ofrecemos esta amalgama de sueños y ritos. Lo que me faltó decir lo dirá cada uno de los poemas siguientes.

José Luis Valle

En 25 poetas jóvenes de El Salvador figuran los siguientes autores:

Julio Iraheta Santos, Salvador Juárez, José María Cuellar, Ricardo Castro Rivas, Uriel Valencia, Mauricio Marquina, David Escobar Galindo, Roberto Monterrosa h., Rafael Mendoza, Hermann Méndez, Ricardo Lindo, David Hernández, Manuel Sorto, Alonso Montoya y Barra
Ulises Masí, Alfonso Quijada Urías, Juan Pablo Armando Martínez, José Luis Valle, Jorge Campos, Eduardo Sancho, Jaime Suarez, Rigoberto Góngora, Ricardo Humano, Alejandro Masís, Luis Felipe Minero, Salomón Rivera, Emiliano Androski Flamenco, Ovidio Villafuerte
Rolando Costa, Reyes Gilberto Arévalo y Salvador Silis.

25 poetas jóvenes de El Salvador, carece de información bibliográfica y de procedencia de los textos.

Al terminar de leer, Manuel me miró totalmente extrañado.
–¿Y esto? –preguntó.
–¿De dónde lo sacaste?
–De por ahí. – le dije al mismo tiempo que sacaba de mi maletín el ejemplar fotocopiado y se lo entregaba.
–Es que vos Vlady, –me dijo sonriendo.
–Sí sos un loco-antología.
Nos carcajeamos. Inmediatamente le respondí:
–No, a lo mejor sea un loco “de antología”. Manuel se echó a reír y siguió masticando gustoso el pan con gordillo. El satisfecho era yo.

lunes, 16 de mayo de 2011

OCTUBRE SIN FECHA

a Karla, mi hermana.

La vida se apaga a cada instante.
Su aliento regresa a la raíz oscura
de un tiempo de ceniza.

Y la vida se va, y se vuelve pregunta
en cada salón o avenida donde dejó su huella.

Porque la vida queda como vela apagada,
como niebla encendida de murciélagos y flores.

Es una canción
a la que no se le recuerda
nunca más la melodía.

Y es que la vida se apaga a cada instante.
En nuestra propia cama
se detienen sus relojes,
al cruzar la calle
se desvanece de entre sus clavos.

¿Por qué no decirlo?
¿Por qué no juzgar esta tumba en el espejo,
esta champaña de pájaros enfermos
revoloteando en la sombra?

Se apaga, se extingue
y en el rostro queda como lágrima de vasta sonrisa.
Ocurre así, tajante como la muerte.

En las bibliotecas,
en los hospitales,
en el supermercado.
En una calle oscura
la vida se apaga
como río que no lleva prisa,
y como torrencial de aplausos negros
se escuchan bajo tierra
los labios que callan.

Se esfuma, desaparece.
Es un beso que acaba de pronto
aun dejando en nuestras venas el sabor de su saliva.
Es un plato menos en el almuerzo
un asiento más en los buses.

Y cómo detenerla,
cuándo detenerla
si cada momento que transcurre,
sucede la bruma
donde se gesta su partida.

Por qué negar esto,
si la última mirada de la abuela,
del hermano,
de aquel amigo era la nuestra.
Por qué negar que la vida se quedó ahí, perdida,
como cuando las oraciones se quedan en la infancia.

¿Por qué no decirlo ahora?:
la vida se apaga a cada instante
y siempre se nos va el corazón, en sostenerlo.

viernes, 26 de marzo de 2010

GABRIELA COMIENDO UNA RATA CRUDA

a ella, quien dijo: ¡NO!

El corazón que se deshoja es de agua,
y queda repartido en las bocas que lo fueron bebiendo.
Por eso la pared es dura y no sabemos de lo que hablamos,
Una máscara es reloj cuando la piel se abre en la caldera.

Y hay rumor de gaviota sin su mar bajo las alas
Todo es esa agua que ya no queda,
que fue corazón deshojado en la mirada.

De la quijada al codo todo fue hueso molido,
y la noche era la asfixia
y sobrellevamos el calor de la propia calavera
e hicimos llorar a las lágrimas
de nuestros semejantes en el frío.

El corazón que se deshoja
no es el calendario en el que nos perdemos
ni el verso hilvano en el cráter de una flauta.

Es la cara de todos los días,
La mía y la tuya
Toda verde desde arriba,
toda rota desde dentro.

Apesta a pétalos de carne la cama.
Apesta a agua estancada el pecho.

Gritamos en el mar del ruido,
nadie ha nacido con los corazones por orejas,
y Gabriela
todavía tiene hambre.


Escrito a 76 días
del Mundial de Fútbol en Sudáfrica

sábado, 20 de marzo de 2010

martes, 16 de marzo de 2010

MEDIO ALIENTO?

ME APREMIA HABLAR DE LA VIDA


Seguí su sombra
en el agotador fornicar de los pájaros,
aun cuando la noche se me llenó de gritos
y el mar se echó a la mar
sin haber encontrado su fondo entre mis lágrimas.

La seguí tras la marcha marcial
de una nube sin forma ni recorrido
y era el mismo camino
el que me renacía en la mirada como nueva cola.

(Era yo, rayado de calles siniestras
y abismos de colores)

Sin horizontes más que sus ojos
mis manos quedaron ciegas,
y al llegar a los arroyos de su abundante saliva,
pávido, viví entre llamas.

La encontré envuelta
con la hojarasca de su febrero dislocado,
donde la vigilia me ha dolido
a bofetadas hilarantes
desde mucho antes de reconocer/
la cruz de su cicatriz primera.

Indomable,
como un eructar de truenos en estampida…

(botón-corazón-orinado,
en el rosal que laceró el suspiro.

Hay una larga mortaja de cráneos bordados y de frío
cubriendo la senda de lo que en vida amamos….

Pero La Vida, es siempre algo que se nos da ya perdido,
es una anciana con pubis de quinceañera,
un gusano negro en el sexo de un ángel)

...Pero la seguí en sus sediciosos torbellinos
para encararme con Dios en el espejo,

La seguí, desde cada palabra rota
donde me dejó la torpeza;
de la sed al cáliz, desde el prisma al color
y viceversa…

Entre los pájaros
la persigo con mis membranas de murciélago;
Entre los ciudadanos, sin un rostro.

y entre sombras y más sombras, -como tú-
la persigo – sin regresos ni calzada-
como mínima criatura
hecha de algodón y de silencio…

2006

sábado, 27 de febrero de 2010

TU GRAN POEMA

Para cuando termines tu gran poema
el mundo se habrá ahogado en una gota de rocío.
Tus amigos habrán olvidado sus nombres
y se profesarán cangrejos junto a la fogata del invierno.

Muchos habrán arrojado su memoria a la noche
y se chuparán la tierra de los dedos.
Su único sol será
ese grano de sombra en sus platos vacíos.

Tu madre habrá cedido su ternura al olvido y a los escombros
y estará sentada en la mirada serena de los muertos.

Ya no habrá universo
para descifrar en la línea de los números
porque los hombres
habrán derribado las estrellas a escupitajos.

Cuando termines tu gran poema,
los niños de hoy serán los abuelos de las lagartijas de mañana
y estos no podrán leer el tiempo de la arena,
en sus ojos llevarán la música amarga del tornado.

Las calles estarán desiertas
y el único sobreviviente será el amor muerto en los burdeles.
Al aire le dictará ley una cuchilla,
y arrastrará de sus correas a muchachos paralíticos
de alma enferma.
Para cuando termines tu gran poema
serán millones los corazones de niñas
abiertos a la fuerza sobre el camastro de los venenos.

(Dónde estará la verdad, si no solo en el silencio)

(De nada servirá la rosa de oro que hayas hecho crecer en tu habitación.)

Al terminar tu gran poema
estarán las puertas derribadas por los ladrones,
fornicaran las ratas en los altares.
No reconocerás la sangre
por los callejones de la ciudad que abandonaste
y sobre el espejo que no reconociste.

Ya nadie querrá dar respuesta,
nadie sabrá decir sobre el rumbo que tomaron las cosas.

A nadie le servirá ese asombro que habrá llegado tarde.
No será techo ni aguacero para las sombras
porque ni siquiera será el recuerdo que haga volver al desahuciado
ni será la soga macabra del suicida.

Para cuando termines tu gran poema
tus hermanos tendrán dientes donde ahora tiene los ojos
y serán hilos de agua oscura
los que marquen las distancias entre uno y otro corazón.

Cuando termines tu gran poema habrás de encontrarnos dormidos
sin más cielo que la feroz sombra de un árbol:
Habremos olvidado a leer su corteza,
habremos aprendido a repudiar su fruto.

Cuando termines tu gran poema
no habrá ni reconocimiento ni placa,
más que un solo epitafio que hable por todos.

No le quedarán más lunas a ese tiempo
No le quedarán más hojas a esas noches.

Para cuando termines tu gran poema
nada habrá que te salve la vida.

lunes, 8 de febrero de 2010

MUÑONES TRISTES

De nuestro beso, sólo la casa en sombras.
Lámpara en pedazos
sobre la amarga espuma del vacío.

Hoy amanecí vacío
como si todo el mar que conoces
se hubiera secado dentro de mí
y sólo se oyera el rumor de la muerte
en el devenir de las horas.

Pero ni tú ni yo hemos muerto,
entonces, ¿por qué
el aroma a ciprés y desesperanza
que emana de mis ojos?

Descoser tu nombre del pecho, cuesta.
Lamer tus sobras, arde en el recuerdo.

Este dolor no es cresta de gallo,
es otra chispa que originó todo el invierno de tu ausencia.

así tus palabras se fueron borrando del aire
y me quedó la voz sin alma, sin sonrisa.

Habría que sacarle margaritas a estas cruces,
a esas calles aglomeradas de años que todavía
galopan el presentimiento…
Habría que nacer de nuevo
para encontrarte en la misma silla
para desvestirte en el mismo beso

y no regresar jamás a este poema.

domingo, 10 de enero de 2010

jueves, 22 de octubre de 2009

DE BIENAVENTURANZAS Y ADVERTENCIAS

Arde Troya

a los famosísimos editores y su pasquín educativo:
María, Antonio, Rony, Gabriela; Roberto, Cesia, Gonzalo, Melina y Élida, amigos entrañables.

Malsonante disquinesia de las horas.
Inmerso en el viento yo, con mi tambor absurdo,
vago en él, como tú, sin tiempo para gritar, reír, correr o morirme.
Bajo mi piel: Tu piel. Y en tu ojo yace lo que miro y me acusa.
Amo lo que besas… La histeria en los aerolitos es recíproca.

Taladrar los suelos de estos años
es a lo que me comprometo.

Lloro al quebrajarse las bardas y al aplaudir la CHANGA sobre la mesa.
Jovencitas de falda corta –largo el cuchillo en su pecho-
Todas ríen en tu sonrisa,
todas se muerden los pies tras las bambalinas del universo.

Ya sin días para enumerar,
los hombres han de señalar las piedras y ponerles nombres,
las atravesarán con tiempo para gritar, reír, correr, morirse en ellas.

¡Lumbre seminal de turno! edad glacial la de nosotros sin edad.
"Inmerso en él", como tú, con mi tambor absurdo.
¿A dónde te ha de llevar
tu misma palabra?

Sin más reparos, corazón, me dueles y aún te dudo.
Es como si yo no existiera dentro de ti y tú te hubieras marchado
hace tanto…hace mucho...

Toco el tambor, y tu voz ronca es la triste.

viernes, 9 de octubre de 2009

PROGRAMA POETÓN

Martes 13 de Octubre. Sede: Facultad de Derecho

Hora

Mesa I 2:00 PM- 3:00 PM


Xochitl Cabrera

Gerardo Gómez

Carlos Alejandro Flores

Mario Zetino


*
Héctor Planas

Litzardo Rivas

Rafael Lara valle

Karen Méndez


Mesa II 3:00 PM- 4:00 PM


Katheryn Rivera Mundo

Salvador Juárez

Benjamín Palomo

Santiago Vásquez

*
Miroslava Rosales

Luís Melgar Brizuela

Roberto Landaverde

Isaías Marín


Mesa III 4: 00 PM- 5: 00 PM

Jonathan Velásquez

Herberth Cea

Kenia López

Vladimir Amaya

*
Ricardo Castrorrivas

Manuel Ramos

Erick López

Julio olivo Granadino


Miércoles 14 de Octubre. Sede: Facultad de derecho

Hora

Mesa IV 9:00 AM- 10:00 AM

Abigail Guzmán

Jorge Haguilar

Miguel Ángel Azucena

Remberto Ramírez

*
Xochitl Cabrera

Lea Romero

Vladimir Orellana

Herberth Cea


Mesa V Taller Quino Caso 10:00 AM- 11:00PM

Jonathan Velásquez

Crosby Lemus

Fabrizzio Sagett

Héctor Planas



Mesa VI 2:00 PM- 3:00 PM Sede: Cineteatro

Alondra Umanzor

Alberto López Serrano

Erika Chiquillo

Omar Chávez

Sandra Aguilar

Gran Clausura y Celebración 3:00 PM – 5: 00 PM

MIENTRAS ALLÁ AFUERA EL MUNDO SE TERMINA

VOS QUE CHAPOTEÁS EN MIS LÁGRIMAS
TAN MÍNIMA VOS
PARA HABITARME EN LAS HERIDAS.
DESDE LA PRIMERA EDAD TE AMO
Y DESDE HACE UN MINUTO QUE TE SUFRO.

MUCHACHA,
YO TE NECESITO EN LA PUERTA AL LLEGAR LA TARDE.
TE NECESITO EN MI CAMA
AL MARCHITARSE LAS FLORES
EN LA SONRISA DE LOS NIÑOS.

COMO UNA RAFAGA DE AIRE,
UN GOLPE SOBERBIO A LA ANGUSTIA
ASÍ DE REPENTE TE NECESITO;
COMO UN BESO
O COMO LA MUERTE.

viernes, 18 de septiembre de 2009

MONTA AL PERRO MECÁNICO

Tanto clavo y tanta tuerca
dispersos como pétalos del rostro mecánico
de este animal ya sin nombre
para ser distinguido en la loza funeraria

Pero mañana será otro rencor al diente
El que nos haga perder los labios.

Será cuando más quiera besarte,
Y vos
y ni ellos estarán para inventarme un corazón.

Pero este es tu derrumbe,
Tuya la inundación de palomas envenenadas sobre nuestros tejados.

Hoy me mirás con las manos,
Como queriendo enterrar una perla en el camino.
U ocultar un gesto dentro de una concha
Dar la espalda y encerrarte en tu casa
perdiéndote así en todos los sitios

Hoy
ya no me alcanzan las manos para detenerte,
para oírte en la niebla que has exhalado
para frenar el viento
de entre las hojas de unos poemas inconclusos.

Pañuelos
Palabras
Flechas
Despedidas

Por ahora
preferís el agua en la ceniza,
Como una tierra quemada por la nieve
Como pared manchada con olvido y alguna que otra lágrima muda.

Pero esta es tu estación de gases y venenos
Del alcohol extraído de la ubres de la madrugada

Vos, la de las manos que miran y saben de mi alegría más dolorosa
Vos, Que no sabés nada de mis huesos que se tornan grava
Si tocan el césped cuando el mundo ha cancelado las lámparas
sobre las cervicales de los sábados.


Monta al perro mecánico

Ve, Móntalo.

Es divertido

…Móntalo,
Luego te vas como si nada.

martes, 8 de septiembre de 2009

MMIX

Podría vestir mis palabras de ranas amarillas
y mis padres seguirían el camino del silencio
como si el sol fuera de grafito.
He aquí,
la vasija que nunca adoré doblado de la lengua.

(El Mañana está hecho de todos los corazones que no despertarán este día, madre.)

ayyy de Darío con coñac agitado.

ayyy de Borges de ceguera y laberinto.

Tanta receta para el demonio pronunciado
Tanto cuento para el cuento,
para un lirio verde arrojado al hormiguero.

Abiertos los aromas
la verdad es un signo de interrogación
en las llagas de las perras y los gatos.

Y se habla de la espada, del incienso,
y es la mentira ceñida en llamas
y es la noche ahogada por el relámpago del tiempo.

Hoy quiero ir de bombilla en bombilla por las casas
como muriéndome en todas partes
Que las abuelas digan que fui bueno y turrón en la tristeza
y que si hubiera vivido la guerra sería uno de esos héroes populares.

Tanto cuento para el cuento
Tanta palanca y botón para quedarse al final callado.

Bordas de grillos en las palmeras.
Platinada, silábica y monstruosa:
Adjetivos de manga corta mal empleados.

Venerad esta Ecthlipsis sacada de los sombreros
somos humanos con el alma de papel a quienes les robaron el sombrero.

Tanto tanto para el que nada ha hecho.
Tanto perico para el pollo y la salamandra.
Tanto mar para un mar vestido de excremento.

y ayyy de Roque encabritado.

ayyy de Huidobro en planeador de mineral sanguíneo.

Que la morfología se come con café sin azúcar y solo por la mañana.
¡Que los intestinos son barroco por lo enrollado!
¿Será más mi nariz sustantivo que nariz al caso?

(¡Ah! que jardineros estos para los edenes que sueño)

¿Y el acento, y la cadencia,
la relación intrínseca entre la medida y el ritmo
y viceversa?

Tanto cuento para el cuento.
Tanta barba para todos estos calvos.

Y otra vez
ayyy del Neruda más gordo.

y de nuevo
ayyy del Vallejo más alegre.

Tanta chonga para el hambriento
Tanto puñal para el muerto entre escapularios.

Tanta palanca,
Dios mío, tanta palanca.
Tanto torniquete a los vocablos.

Que el verso
Que el reverso
Que el inverso
El universo.

Mirad mis huesos rotos ahora, bisnietos de la palabra:
¡Sintaxis falta de calcio!

domingo, 6 de septiembre de 2009

HIELO PARA ROMPER

a karlen Abrego

Quedémonos hasta muy tarde
y hablemos tanta paja.
Tenés infinidad de maneras
para matarme el tiempo.

Contáme la vez
que te hundiste en lágrimas,
cuando las manos de todos
los hombres no pudieron tocarte.

Decíme si esta semana
te has quedado pensativa,
colgada de las baldosas.

Si llegaste a tu habitación
habiendo olvidado cada nombre
en la piel de los daños.

Porque yo te voy a contar la vez
cuando una rosa me violó un sueño,
sobre el lucero que nunca cabalgué
y de las sobras del banquete que me robé un día.

Contáme del crujir que oís en la mudez
cuando el trueno en el
cielo se gesticula, ese mismo
Aullido rojo al que temés tanto.

Contáme si crees en Jesucristo,
o te endulza el pecado del viajero que se va.
Decíme lo que los robles comentan a mis espaldas
al descubrir ángeles muertos en tu enigmática cabellera.

Seguíme diciendo sobre
el duende con quien desayunaste.
Contáme la vez que te hicieron esclava
y te coronaron reina de corazones bobos.

Sí, vení, más cerca, junto a mis heridas,
ahora que son las dos de la mañana
y el alma se nos embruja, se nos contrae
y la tenemos clara, pura, explícita.

Contáme los secretos zarcos
que le oís a tus pechos
cuando estos te creen
frente al trance, aún dormida.


Decíme sobre las pinturas
que se parecen a tu cabeza
y contáme de las cabezas
que se aparecen en tu pintura.

Contáme del mar abierto,
agitándose en tus piernas sin cruzar;
Del follaje subyacente en el ojo
de aquellos que te hablaron sin entenderte nunca.

Decíme todo y te cuento de la nada
y así de paja en paja
quedarnos con las ganas
de volver a oírnos en otra vida.

Pues ya acaba lo más tarde
que puede ser.
Vámonos.
Las primeras aves regresan,
las flores vuelven al camino.
Vámonos.
Las sórdidas ventanas –ojos imperecederos-
se abren y es la luz la que nos busca.
Vámonos
-eternamente Karlen
de los espejismos-
pronto los muertos
van a levantarse.

lunes, 24 de agosto de 2009

Hasta que la lágrima nos perdone

Canción de amor

Dulcísima ceniza del corazón helado
toma la mano de la amada muerta bajo el lirio.
Sé su retorno a la sepultura
hoy que yace perdida por las ciudades.

Fueron los relámpagos
quienes le han abierto los ojos de repente.
Fueron los relámpagos
quienes reconstruyeron el polvo de diez años de distancia.
Fueron los relámpagos quienes rompieron la piedra
-telónes de monolito que los hombres pusieron para esconder su carne inmóvil.-

Pero las calles han cambiado
desde que le cruzaron los brazos,
desde que el aire la abandonó
dejándola pálida sobre los oficios
de unas velas encendidas.

Ella que fue toda primavera
cuando sus huesos se curvaban
limpios e intactos tras la luz de la mañana,
ella que fue todo amor en los andamios miserables
y guardaba la hora precisa en sus manos
de donde con frecuencia nacían los destinos;
es ahora doble vacío en mi costado,
doblemente
muerta en el camino.

Hoy las calles han cambiado y no lo sabe,
y anda como niña extraviada en los autobuses,
en las plazas me busca como antes
pero las esquinas de hoy
no son las mismas donde yo la besaba y le prometía lo eterno.

¡Ay! y hoy,
ni imagina que su mirada es una fuente extinguida
donde nacen y se multiplican los reflejos de la nada.
Para ella, el trote del barro continúa exacto por los suburbios,
como lo dejó en aquél momento, como lo dejó cuando me dejaba.

Y hoy busca en los mercados,
comida, sin hambre.
Agua, sin sed.

¡Ay! Dulcísima ceniza, hija de mis sienes marchitadas,
dile que ahora el tiempo se reparte en silencio y a veces en frío.
Dile que la seguí por ese túnel lamiendo sus tacones.
Dile que nuestros nombres ya no tienen edades.

Que no me busque más en las oficinas
Que no estoy en las multitudes despiertas

Regrésala a mí, dulcísima ceniza
hija mía y de sus sienes.

Que regrese a lo innombrable
al infinito de las flores y plegarias
Que sepa que duermo a su lado (como lo ordené a los que me sobrevivieron)
Que venga.
Regrésala.
Que descienda
con la dulce violencia de una novia alegre,
que descienda a nuestro sepulcro
como la lluvia, cuando ardiendo,
penetra la tierra y fecunda la vida.

jueves, 30 de julio de 2009

COMERCIAL Y POEMA




Fe

Déjame una amapola por si no termina el aguacero

Ya los policías se han llevado a mi padre sospechoso de nada

a mí me dejó el cuchillo de su crimen de dos corazones partidos

Yo te dejo mi palabra como barco de papel y por sombrero.


Déjame una amapola,

el último vuelo en alfombra de luz al jardín perdido.

Ya los policías se han llevado a mi padre sospechoso de nada.


Creo en una amapola de tu parte

Creo en el cuchillo de mi padre sin ser carnicero

Amo las espinas y creo en un cielo orinado por chacales

pero creo más en ti, en nuestra carta sin sello ni destino

mas mi padre no cree

y desde su cárcel a gritos me llama loco, ¡Loco!

¡oh, aguacero!

El aguacero, mi amor...

Si tan sólo mi padre creyera

que una lágrima nos puede salvar del aguacero.

domingo, 12 de julio de 2009

PUNTO IMAGINARIO

A Patricia Cuéllar

Nunca he ganado un certamen literario
pero guardo estrellas verdes en un vaso mínimo.
En el vértigo de las heridas sueño con sueños
y me aferro al costado más mórbido de mi sombra.

Nunca he escrito tres o cuatro líneas
más allá de mis estragos.
Le hago el amor a una guitarra, encaramado en las paredes, sabía.
Comparto con las moscas su mísero vuelo
y me duelo de repente junto a un corazón de calcetines rotos.

De vez en cuando me arrastro junto al puñal y la rosa
y me doy cuenta que el hambriento de la esquina
es también Cristo crucificado.
Le he robado besos al llanto
cuando he estado a solas con mi esperanza.

A veces naufrago en un ramillete de palomas hechas añicos
pero con la próxima parvada de cometas
me ven los astrónomos pelearme el regreso.
Un botón me pesa en la mano y suelo repartirme
con el pescado y el pan cuando nos niegan la montaña.

Unos dicen que soy sólo otro vicio,
semana de septiembre en agosto pleno
Que de agrura en agrura le vocifero a las piedras
y me como a los niños con salsa tabasco.

Pero qué sé yo si la noche no es distancia,
si la vida es tiempo que sobra y el tiempo vida que falta.
Qué sé yo de tormentas que corren a empapar montes,
de cuerpos tendidos sobre el musgo
que se despeinan la saliva, labio a labio, y bajo otro cielo.

Yo no tengo más ciudad que la mudez de mis zapatos.
Me amoldo a la forma que la brisa elije para mí, y soy alga o molusco.
Pero la verdad que sé yo, del mar ignoto que la brisa arrastra adentro.

Sí, Nunca he ganado un certamen literario,
mas míreme ahora,
he logrado – a pesar de la repisa vacía de diplomas y trofeos-
que sea mi confidente;
Aun sin saber el rumbo que tomaron sus pupilas
y qué nube siguieron sus manos.

Sí, mi primer y último confidente
con quien morder todo este silencio,
Perteneciéndole, –usted y yo- por entero, a cada palabra...
...sí, reunidos –usted y yo-,
en un punto imaginario
de esta tristísima tierra.

martes, 30 de junio de 2009

UN ANUNCIO Y UN POEMA


Escrito con la saliva del recuerdo

Vos sos Denisse,
la frescura del fuego.

Mujer de rodillas,
ciega y muda
ante los costados abiertos de la mañana.

Lágrima incinerada en la pupila
que aun sin precipitarse inunda poblados enteros.

Vos sos Denisse,
de la espina, la última palabra.

Desierto y manantial, según van muriendo los sueños.

El Grito húmedo por las paredes.
y la sal eterna de la melancolía.

Vos sos Denisse,
la muerta sin cadáver
Octubre lluvioso en la garganta.

La Mujer de los aromas heridos,

de tardes derretidas tras las ventanas,
del cáliz de la sed
en mis pequeños poemas

Vos sos Denisse,
la primera migaja de alegría
que dolió en el silencio.