a karlen Abrego
Quedémonos hasta muy tarde
y hablemos tanta paja.
Tenés infinidad de maneras
para matarme el tiempo.
Contáme la vez
que te hundiste en lágrimas,
cuando las manos de todos
los hombres no pudieron tocarte.
Decíme si esta semana
te has quedado pensativa,
colgada de las baldosas.
Si llegaste a tu habitación
habiendo olvidado cada nombre
en la piel de los daños.
Porque yo te voy a contar la vez
cuando una rosa me violó un sueño,
sobre el lucero que nunca cabalgué
y de las sobras del banquete que me robé un día.
Contáme del crujir que oís en la mudez
cuando el trueno en el
cielo se gesticula, ese mismo
Aullido rojo al que temés tanto.
Contáme si crees en Jesucristo,
o te endulza el pecado del viajero que se va.
Decíme lo que los robles comentan a mis espaldas
al descubrir ángeles muertos en tu enigmática cabellera.
Seguíme diciendo sobre
el duende con quien desayunaste.
Contáme la vez que te hicieron esclava
y te coronaron reina de corazones bobos.
Sí, vení, más cerca, junto a mis heridas,
ahora que son las dos de la mañana
y el alma se nos embruja, se nos contrae
y la tenemos clara, pura, explícita.
Contáme los secretos zarcos
que le oís a tus pechos
cuando estos te creen
frente al trance, aún dormida.
Decíme sobre las pinturas
que se parecen a tu cabeza
y contáme de las cabezas
que se aparecen en tu pintura.
Contáme del mar abierto,
agitándose en tus piernas sin cruzar;
Del follaje subyacente en el ojo
de aquellos que te hablaron sin entenderte nunca.
Decíme todo y te cuento de la nada
y así de paja en paja
quedarnos con las ganas
de volver a oírnos en otra vida.
Pues ya acaba lo más tarde
que puede ser.
Vámonos.
Las primeras aves regresan,
las flores vuelven al camino.
Vámonos.
Las sórdidas ventanas –ojos imperecederos-
se abren y es la luz la que nos busca.
Vámonos
-eternamente Karlen
de los espejismos-
pronto los muertos
van a levantarse.
domingo, 6 de septiembre de 2009
viernes, 28 de agosto de 2009
lunes, 24 de agosto de 2009
Hasta que la lágrima nos perdone
Canción de amor
Dulcísima ceniza del corazón helado
toma la mano de la amada muerta bajo el lirio.
Sé su retorno a la sepultura
hoy que yace perdida por las ciudades.
Fueron los relámpagos
quienes le han abierto los ojos de repente.
Fueron los relámpagos
quienes reconstruyeron el polvo de diez años de distancia.
Fueron los relámpagos quienes rompieron la piedra
-telónes de monolito que los hombres pusieron para esconder su carne inmóvil.-
Pero las calles han cambiado
desde que le cruzaron los brazos,
desde que el aire la abandonó
dejándola pálida sobre los oficios
de unas velas encendidas.
Ella que fue toda primavera
cuando sus huesos se curvaban
limpios e intactos tras la luz de la mañana,
ella que fue todo amor en los andamios miserables
y guardaba la hora precisa en sus manos
de donde con frecuencia nacían los destinos;
es ahora doble vacío en mi costado,
doblemente
muerta en el camino.
Hoy las calles han cambiado y no lo sabe,
y anda como niña extraviada en los autobuses,
en las plazas me busca como antes
pero las esquinas de hoy
no son las mismas donde yo la besaba y le prometía lo eterno.
¡Ay! y hoy,
ni imagina que su mirada es una fuente extinguida
donde nacen y se multiplican los reflejos de la nada.
Para ella, el trote del barro continúa exacto por los suburbios,
como lo dejó en aquél momento, como lo dejó cuando me dejaba.
Y hoy busca en los mercados,
comida, sin hambre.
Agua, sin sed.
¡Ay! Dulcísima ceniza, hija de mis sienes marchitadas,
dile que ahora el tiempo se reparte en silencio y a veces en frío.
Dile que la seguí por ese túnel lamiendo sus tacones.
Dile que nuestros nombres ya no tienen edades.
Que no me busque más en las oficinas
Que no estoy en las multitudes despiertas
Regrésala a mí, dulcísima ceniza
hija mía y de sus sienes.
Que regrese a lo innombrable
al infinito de las flores y plegarias
Que sepa que duermo a su lado (como lo ordené a los que me sobrevivieron)
Que venga.
Regrésala.
Que descienda
con la dulce violencia de una novia alegre,
que descienda a nuestro sepulcro
como la lluvia, cuando ardiendo,
penetra la tierra y fecunda la vida.
Dulcísima ceniza del corazón helado
toma la mano de la amada muerta bajo el lirio.
Sé su retorno a la sepultura
hoy que yace perdida por las ciudades.
Fueron los relámpagos
quienes le han abierto los ojos de repente.
Fueron los relámpagos
quienes reconstruyeron el polvo de diez años de distancia.
Fueron los relámpagos quienes rompieron la piedra
-telónes de monolito que los hombres pusieron para esconder su carne inmóvil.-
Pero las calles han cambiado
desde que le cruzaron los brazos,
desde que el aire la abandonó
dejándola pálida sobre los oficios
de unas velas encendidas.
Ella que fue toda primavera
cuando sus huesos se curvaban
limpios e intactos tras la luz de la mañana,
ella que fue todo amor en los andamios miserables
y guardaba la hora precisa en sus manos
de donde con frecuencia nacían los destinos;
es ahora doble vacío en mi costado,
doblemente
muerta en el camino.
Hoy las calles han cambiado y no lo sabe,
y anda como niña extraviada en los autobuses,
en las plazas me busca como antes
pero las esquinas de hoy
no son las mismas donde yo la besaba y le prometía lo eterno.
¡Ay! y hoy,
ni imagina que su mirada es una fuente extinguida
donde nacen y se multiplican los reflejos de la nada.
Para ella, el trote del barro continúa exacto por los suburbios,
como lo dejó en aquél momento, como lo dejó cuando me dejaba.
Y hoy busca en los mercados,
comida, sin hambre.
Agua, sin sed.
¡Ay! Dulcísima ceniza, hija de mis sienes marchitadas,
dile que ahora el tiempo se reparte en silencio y a veces en frío.
Dile que la seguí por ese túnel lamiendo sus tacones.
Dile que nuestros nombres ya no tienen edades.
Que no me busque más en las oficinas
Que no estoy en las multitudes despiertas
Regrésala a mí, dulcísima ceniza
hija mía y de sus sienes.
Que regrese a lo innombrable
al infinito de las flores y plegarias
Que sepa que duermo a su lado (como lo ordené a los que me sobrevivieron)
Que venga.
Regrésala.
Que descienda
con la dulce violencia de una novia alegre,
que descienda a nuestro sepulcro
como la lluvia, cuando ardiendo,
penetra la tierra y fecunda la vida.
jueves, 30 de julio de 2009
COMERCIAL Y POEMA

Fe
Déjame una amapola por si no termina el aguacero
Ya los policías se han llevado a mi padre sospechoso de nada
a mí me dejó el cuchillo de su crimen de dos corazones partidos
Yo te dejo mi palabra como barco de papel y por sombrero.
Déjame una amapola,
el último vuelo en alfombra de luz al jardín perdido.
Ya los policías se han llevado a mi padre sospechoso de nada.
Creo en una amapola de tu parte
Creo en el cuchillo de mi padre sin ser carnicero
Amo las espinas y creo en un cielo orinado por chacales
pero creo más en ti, en nuestra carta sin sello ni destino
mas mi padre no cree
y desde su cárcel a gritos me llama loco, ¡Loco!
¡oh, aguacero!
El aguacero, mi amor...
Si tan sólo mi padre creyera
que una lágrima nos puede salvar del aguacero.
domingo, 12 de julio de 2009
PUNTO IMAGINARIO
A Patricia Cuéllar
Nunca he ganado un certamen literario
pero guardo estrellas verdes en un vaso mínimo.
En el vértigo de las heridas sueño con sueños
y me aferro al costado más mórbido de mi sombra.
Nunca he escrito tres o cuatro líneas
más allá de mis estragos.
Le hago el amor a una guitarra, encaramado en las paredes, sabía.
Comparto con las moscas su mísero vuelo
y me duelo de repente junto a un corazón de calcetines rotos.
De vez en cuando me arrastro junto al puñal y la rosa
y me doy cuenta que el hambriento de la esquina
es también Cristo crucificado.
Le he robado besos al llanto
cuando he estado a solas con mi esperanza.
A veces naufrago en un ramillete de palomas hechas añicos
pero con la próxima parvada de cometas
me ven los astrónomos pelearme el regreso.
Un botón me pesa en la mano y suelo repartirme
con el pescado y el pan cuando nos niegan la montaña.
Unos dicen que soy sólo otro vicio,
semana de septiembre en agosto pleno
Que de agrura en agrura le vocifero a las piedras
y me como a los niños con salsa tabasco.
Pero qué sé yo si la noche no es distancia,
si la vida es tiempo que sobra y el tiempo vida que falta.
Qué sé yo de tormentas que corren a empapar montes,
de cuerpos tendidos sobre el musgo
que se despeinan la saliva, labio a labio, y bajo otro cielo.
Yo no tengo más ciudad que la mudez de mis zapatos.
Me amoldo a la forma que la brisa elije para mí, y soy alga o molusco.
Pero la verdad que sé yo, del mar ignoto que la brisa arrastra adentro.
Sí, Nunca he ganado un certamen literario,
mas míreme ahora,
he logrado – a pesar de la repisa vacía de diplomas y trofeos-
que sea mi confidente;
Aun sin saber el rumbo que tomaron sus pupilas
y qué nube siguieron sus manos.
Sí, mi primer y último confidente
con quien morder todo este silencio,
Perteneciéndole, –usted y yo- por entero, a cada palabra...
...sí, reunidos –usted y yo-,
en un punto imaginario
de esta tristísima tierra.
Nunca he ganado un certamen literario
pero guardo estrellas verdes en un vaso mínimo.
En el vértigo de las heridas sueño con sueños
y me aferro al costado más mórbido de mi sombra.
Nunca he escrito tres o cuatro líneas
más allá de mis estragos.
Le hago el amor a una guitarra, encaramado en las paredes, sabía.
Comparto con las moscas su mísero vuelo
y me duelo de repente junto a un corazón de calcetines rotos.
De vez en cuando me arrastro junto al puñal y la rosa
y me doy cuenta que el hambriento de la esquina
es también Cristo crucificado.
Le he robado besos al llanto
cuando he estado a solas con mi esperanza.
A veces naufrago en un ramillete de palomas hechas añicos
pero con la próxima parvada de cometas
me ven los astrónomos pelearme el regreso.
Un botón me pesa en la mano y suelo repartirme
con el pescado y el pan cuando nos niegan la montaña.
Unos dicen que soy sólo otro vicio,
semana de septiembre en agosto pleno
Que de agrura en agrura le vocifero a las piedras
y me como a los niños con salsa tabasco.
Pero qué sé yo si la noche no es distancia,
si la vida es tiempo que sobra y el tiempo vida que falta.
Qué sé yo de tormentas que corren a empapar montes,
de cuerpos tendidos sobre el musgo
que se despeinan la saliva, labio a labio, y bajo otro cielo.
Yo no tengo más ciudad que la mudez de mis zapatos.
Me amoldo a la forma que la brisa elije para mí, y soy alga o molusco.
Pero la verdad que sé yo, del mar ignoto que la brisa arrastra adentro.
Sí, Nunca he ganado un certamen literario,
mas míreme ahora,
he logrado – a pesar de la repisa vacía de diplomas y trofeos-
que sea mi confidente;
Aun sin saber el rumbo que tomaron sus pupilas
y qué nube siguieron sus manos.
Sí, mi primer y último confidente
con quien morder todo este silencio,
Perteneciéndole, –usted y yo- por entero, a cada palabra...
...sí, reunidos –usted y yo-,
en un punto imaginario
de esta tristísima tierra.
Etiquetas:
en algún lugar dentro de una lágrima
martes, 30 de junio de 2009
UN ANUNCIO Y UN POEMA

Escrito con la saliva del recuerdo
Vos sos Denisse,
la frescura del fuego.
Mujer de rodillas,
ciega y muda
ante los costados abiertos de la mañana.
Lágrima incinerada en la pupila
que aun sin precipitarse inunda poblados enteros.
Vos sos Denisse,
de la espina, la última palabra.
Desierto y manantial, según van muriendo los sueños.
El Grito húmedo por las paredes.
y la sal eterna de la melancolía.
Vos sos Denisse,
la muerta sin cadáver
Octubre lluvioso en la garganta.
La Mujer de los aromas heridos,
de tardes derretidas tras las ventanas,
del cáliz de la sed
en mis pequeños poemas
Vos sos Denisse,
la primera migaja de alegría
que dolió en el silencio.
Vos sos Denisse,
la frescura del fuego.
Mujer de rodillas,
ciega y muda
ante los costados abiertos de la mañana.
Lágrima incinerada en la pupila
que aun sin precipitarse inunda poblados enteros.
Vos sos Denisse,
de la espina, la última palabra.
Desierto y manantial, según van muriendo los sueños.
El Grito húmedo por las paredes.
y la sal eterna de la melancolía.
Vos sos Denisse,
la muerta sin cadáver
Octubre lluvioso en la garganta.
La Mujer de los aromas heridos,
de tardes derretidas tras las ventanas,
del cáliz de la sed
en mis pequeños poemas
Vos sos Denisse,
la primera migaja de alegría
que dolió en el silencio.
viernes, 19 de junio de 2009
CANCIÓN INFANTIL
Mambrú se confiesa ante un cigarro
y su mirada se pierde en el horizonte.
Tiene en sus manos todo el tiempo
para ser todas las personas del mundo.
Guarda atardeceres muertos
en sus bolsillos como fetiche,
y descansa su cabeza
sobre la primera piedra pecadora
que fue lanzada al infinito.
Adormecido escribe un poema en las nubes
que pronto ha de enterrar la historia.
Su corazón es tan grande
que hace de su inocencia un mar de estupideces.
Se le arremolinan los pensamientos
en los agujeros engendrados
en sus tormentas de medianoche.
En lo subterráneo de su llanto
busca un regazo donde aprender a soñar,
donde dejar la carne y conocer su espíritu.
Pero Mambrú retorna la mirada del horizonte
y sabe que todo el tiempo
sólo le alcanza para ser él
¡Y sus bolsillos empiezan a podrirse por tantas tardes!
Alza la piedra y deja su cabeza tirada en el infinito;
Ve que no hay nubes ni historia,
sabe que su poema es una pequeña estupidez
en un mar de corazones
¡Y empieza a sentir la resaca de todos los agujeros!
Son sus labios yertos los que reclaman
soles aún no amanecidos.
Odia no encontrar su espíritu,
el sueño ni el regazo abierto.
¡Hace rabieta, y hace musarañas dentro de sí mismo!..
Por hoy la luz del tabaco se extingue
entre la respiración de los cristales,
y Mambrú comprende desde ahora
que él sólo es el humo que se volatiliza
del cigarro de alguien más.
y su mirada se pierde en el horizonte.
Tiene en sus manos todo el tiempo
para ser todas las personas del mundo.
Guarda atardeceres muertos
en sus bolsillos como fetiche,
y descansa su cabeza
sobre la primera piedra pecadora
que fue lanzada al infinito.
Adormecido escribe un poema en las nubes
que pronto ha de enterrar la historia.
Su corazón es tan grande
que hace de su inocencia un mar de estupideces.
Se le arremolinan los pensamientos
en los agujeros engendrados
en sus tormentas de medianoche.
En lo subterráneo de su llanto
busca un regazo donde aprender a soñar,
donde dejar la carne y conocer su espíritu.
Pero Mambrú retorna la mirada del horizonte
y sabe que todo el tiempo
sólo le alcanza para ser él
¡Y sus bolsillos empiezan a podrirse por tantas tardes!
Alza la piedra y deja su cabeza tirada en el infinito;
Ve que no hay nubes ni historia,
sabe que su poema es una pequeña estupidez
en un mar de corazones
¡Y empieza a sentir la resaca de todos los agujeros!
Son sus labios yertos los que reclaman
soles aún no amanecidos.
Odia no encontrar su espíritu,
el sueño ni el regazo abierto.
¡Hace rabieta, y hace musarañas dentro de sí mismo!..
Por hoy la luz del tabaco se extingue
entre la respiración de los cristales,
y Mambrú comprende desde ahora
que él sólo es el humo que se volatiliza
del cigarro de alguien más.
sábado, 13 de junio de 2009
Gilma
Siempre fuiste viento a la hora de mi sed,
estrella lubricada con miel oscura,
misterio en la grama de todos los jardines.
Ahora no quedan palabras después de ti.
Incendio nevado fueron los gusanos en tu boca.
Tú, la mínima sonrisa del horror.
Después de ti
ya no vendrán gaviotas a pasearse por las playas de mis manos.
Tú, la última prueba de mi sangre,
frágil pétalo de la rosa mortal.
Vuelvo a la cicatriz y te repites.
Surges a la hora más turbulenta,
vuelas desde las azoteas
para morderme los sueños en los caminos.
Tú, madrugada de mar
con millones de esqueletos a la deriva.
Vivo en la estación de tu aroma.
Aún tus ojos en mis ojos
me hablan de la huella de tu cuerpo.
Después de ti
ya no danzan mariposas cerca de las lámparas.
Tú, único lugar en la tierra donde respirar duele.
La luz ha de envenenarme algún día.
Después de ti no quedan palabras.
Tú, la canción sorda al concluir las órbitas.
La primera en diluirse en los colores de un cielo desangrado por la tarde.
Ahora huelo a sombra y el frío rueda por todos los cuerpos.
No quedan palabras después de ti
tan sólo gritos.
estrella lubricada con miel oscura,
misterio en la grama de todos los jardines.
Ahora no quedan palabras después de ti.
Incendio nevado fueron los gusanos en tu boca.
Tú, la mínima sonrisa del horror.
Después de ti
ya no vendrán gaviotas a pasearse por las playas de mis manos.
Tú, la última prueba de mi sangre,
frágil pétalo de la rosa mortal.
Vuelvo a la cicatriz y te repites.
Surges a la hora más turbulenta,
vuelas desde las azoteas
para morderme los sueños en los caminos.
Tú, madrugada de mar
con millones de esqueletos a la deriva.
Vivo en la estación de tu aroma.
Aún tus ojos en mis ojos
me hablan de la huella de tu cuerpo.
Después de ti
ya no danzan mariposas cerca de las lámparas.
Tú, único lugar en la tierra donde respirar duele.
La luz ha de envenenarme algún día.
Después de ti no quedan palabras.
Tú, la canción sorda al concluir las órbitas.
La primera en diluirse en los colores de un cielo desangrado por la tarde.
Ahora huelo a sombra y el frío rueda por todos los cuerpos.
No quedan palabras después de ti
tan sólo gritos.
domingo, 31 de mayo de 2009
Llorando como Héctor
Abres los ojos en los ojos cerrados de los muertos
y así despiertas en el desaire que buscabas.
Lavándote las manos que les cruzan el pecho
evitas conversaciones indagatorias sobre un pasado
que ya no recuerdas.
De igual manera escapas de las sombras del árbol
y sus raíces;
De los frutos que no te conviene probar.
Y llegas así desnudo a la tumba de los dioses,
a leer en tus venas como los hombres pusieron en ti
los demonios que eres,
a caer en la boca del huracán
quien pronuncia tu nombre
mientras miles de espejos circundantes
sufren tu horrible cara de ayer y hoy.
Mas eres lo que quieres y lo reniegas mucho:
Cielo vértigo de un abismo, cielo sonámbulo
de las cinco menos cuarto de la mañana;
Oscuro, pantanoso, huraño y frío.
Cielo por el que nadie daría mucho
-cielo que nadie percibe-
del que nadie espera nada.
Mas tú bien sabes, las cuchillas son muchas al fantasear
y te clavan asesinos en la espalda.
Por eso, arrastrando los ladridos de tus pasos he sentido
como llevas por las calles tu animalesco mal,
teniendo esa fea costumbre de aparecer montado
en las maldiciones masticadas por los mudos,
de hacer trucos de mal gusto en medio
de esa gente linda de ropita extraña.
Has despertado entre muertos tantas ocasiones,
lejos del fluir multicolor de los ríos de noviembre.
Apareciendo tú, pues inútil,
como el ganso desorientado;
que adentrándose en la densa atmósfera de una piedra
sueña con llorar e incendiarse...
y así despiertas en el desaire que buscabas.
Lavándote las manos que les cruzan el pecho
evitas conversaciones indagatorias sobre un pasado
que ya no recuerdas.
De igual manera escapas de las sombras del árbol
y sus raíces;
De los frutos que no te conviene probar.
Y llegas así desnudo a la tumba de los dioses,
a leer en tus venas como los hombres pusieron en ti
los demonios que eres,
a caer en la boca del huracán
quien pronuncia tu nombre
mientras miles de espejos circundantes
sufren tu horrible cara de ayer y hoy.
Mas eres lo que quieres y lo reniegas mucho:
Cielo vértigo de un abismo, cielo sonámbulo
de las cinco menos cuarto de la mañana;
Oscuro, pantanoso, huraño y frío.
Cielo por el que nadie daría mucho
-cielo que nadie percibe-
del que nadie espera nada.
Mas tú bien sabes, las cuchillas son muchas al fantasear
y te clavan asesinos en la espalda.
Por eso, arrastrando los ladridos de tus pasos he sentido
como llevas por las calles tu animalesco mal,
teniendo esa fea costumbre de aparecer montado
en las maldiciones masticadas por los mudos,
de hacer trucos de mal gusto en medio
de esa gente linda de ropita extraña.
Has despertado entre muertos tantas ocasiones,
lejos del fluir multicolor de los ríos de noviembre.
Apareciendo tú, pues inútil,
como el ganso desorientado;
que adentrándose en la densa atmósfera de una piedra
sueña con llorar e incendiarse...
miércoles, 13 de mayo de 2009
sábado, 18 de abril de 2009
URGENTE
Por el bienestar mental de los estudiantes de la Licenciatura en Letras se prohíbe terminantemente las fiestas, excursiones alegres y todo tipo de actividad recreativa que incluya: Música, comida típica, globos multicolores, serpentina y viruta; juegos colectivos, o en su caso, dinámicas tradicionales tales como: “Carrera de encostalados,” “Los vasos de agua,” “Haz lo que oyes, no lo que miras,” “La guillotina loca,” “Pelea de gallos,” “Uno, dos, tres, ¡Tusquia!” “La muela de la cabra,” “El juego de las sillas,” “La orquesta cooperativa,” “La pelota imaginaria” y entre otras que pertenezcan al decálogo del Niño Misionero. Por tal motivo hacemos conciencia para que se abstenga de realizar todo tipo de actividad, antes aquí descrita.
Atentamente:
A.E.L (y no a ella)
Asociación -aún no formada- de estudiantes de Letras.
Invitamos a los compañeros interesados en los cursos de corte y confección e introducción al pensamiento marxista pasar al local de la asociación a inscribirse ¡Es gratis, pero el cupo es limitado!
Asimismo anunciamos que las camisetas con el rostro de Ferdinand de Saussure ya están a la venta. Los precios son: Con bigote en el rostro del Ginebrino: $10.
y sin bigote $7.
Atentamente:
A.E.L (y no a ella)
Asociación -aún no formada- de estudiantes de Letras.
Invitamos a los compañeros interesados en los cursos de corte y confección e introducción al pensamiento marxista pasar al local de la asociación a inscribirse ¡Es gratis, pero el cupo es limitado!
Asimismo anunciamos que las camisetas con el rostro de Ferdinand de Saussure ya están a la venta. Los precios son: Con bigote en el rostro del Ginebrino: $10.
y sin bigote $7.
martes, 14 de abril de 2009
Rolando
Eras trozo de plastilina en manos de niños malvados.
Ala rota de la tarde.
Ya sin horizontes donde volar
fuiste lágrima atrás de la carcajada deforme de tus días.
Hoja que temblaba en la garra del otoño,
ardilla congelada en el vientre de otro invierno.
Para vos, hombre sin nombre aún,
todo el tiempo era verano en calzoneta y sonrisa.
Te faltaron agallas para verle la cicatriz eterna al dolor.
Para aprender de la mudez de la muerte y seguir sus huellas.
Necesitabas quedarte solo, encima de las muchedumbres.
Debías ser arrojado a los abismos y regresar como un dios
de otro nombre.
Nunca fuiste digno. No era el tiempo.
Con ingratitud te besaron las mejillas,
Vos lamías aquellos ojos pendencieros.
Te faltaron más revólveres y menos sueños.
Menos máscaras y más instinto.
Debías golpear, sacudir parte por parte las constelaciones
No ser ese trapo tendido de una esperanza inútil;
Te Convenía correr por las ciudades sombrías,
embarcarte infierno adentro más allá de los parques
y sus fantasmas.
No tenías tiempo.
En cada paso te volvías a traicionar a vos mismo.
Cantabas a sus antojos,
a sus miserables ambiciones,
a sus pasiones de cristal inmundo.
No tenías tiempo para defenderte,
ahora no puedes redimirte…
Por ello y por lo demás,
que de tu nombre no nos quede ni el rastro
cuando las multitudes nos pronuncien.
Ala rota de la tarde.
Ya sin horizontes donde volar
fuiste lágrima atrás de la carcajada deforme de tus días.
Hoja que temblaba en la garra del otoño,
ardilla congelada en el vientre de otro invierno.
Para vos, hombre sin nombre aún,
todo el tiempo era verano en calzoneta y sonrisa.
Te faltaron agallas para verle la cicatriz eterna al dolor.
Para aprender de la mudez de la muerte y seguir sus huellas.
Necesitabas quedarte solo, encima de las muchedumbres.
Debías ser arrojado a los abismos y regresar como un dios
de otro nombre.
Nunca fuiste digno. No era el tiempo.
Con ingratitud te besaron las mejillas,
Vos lamías aquellos ojos pendencieros.
Te faltaron más revólveres y menos sueños.
Menos máscaras y más instinto.
Debías golpear, sacudir parte por parte las constelaciones
No ser ese trapo tendido de una esperanza inútil;
Te Convenía correr por las ciudades sombrías,
embarcarte infierno adentro más allá de los parques
y sus fantasmas.
No tenías tiempo.
En cada paso te volvías a traicionar a vos mismo.
Cantabas a sus antojos,
a sus miserables ambiciones,
a sus pasiones de cristal inmundo.
No tenías tiempo para defenderte,
ahora no puedes redimirte…
Por ello y por lo demás,
que de tu nombre no nos quede ni el rastro
cuando las multitudes nos pronuncien.
jueves, 9 de abril de 2009
Eterno por inmersión
Es el mar quien ha escupido
mi cadáver tres días después
del naufragio del corazón.
Las algas fueron mis madres pacientes,
los peces mis hermanos con quienes dormí
en remolinos de las aguas turbias.
Y vos, mar implacable, fuiste con tu cabellera azul
bebiéndote hasta la última gota de mi vida…
¿Es risa macabra, esa ola que no podés ocultar entre quijadas?
¡Asfixiante tu poderoso brazo ciñendo mis pulmones!
Pero me has enviado a los hombres de nuevo
sólo para podrirme en la tierra.
Porque en verdad que soy de polvo
y tengo que volver a la tierra.
Vos, mar de siempre,
sabés que no soy pez para tornarme espuma…
Muy adentro,
anduve entre bestias inimaginables.
Conocí tus tenebrosos sueños,
lo que nadie imagina
y se quedan en el misterio como tesoro enterrado.
Ahí estuve como Cristo en el sepulcro tres días
sumergido en las ondas del pacífico,
en la desesperación atlántica de tus venas.
Y desde tus entrañas nací para la muerte
arrullado por el canto de los marineros
que alguna vez te surcaron sin regresar a casa.
Me coronaron los besos
y las caricias verdes e hinchadas
de las muchachas a quienes desposaste
y nunca más devolviste.
Distinguí en la oscurana de tu manto
los restos de las naves hundidas de todos los tiempos:
transatlánticos lujosos. Barco pirata.
Montano en tus potros salvajes de arrebato y fuerza,
me llevaste a recorrer
las calderas donde duermen los maremotos.
Conocí tu nombre y tu asma.
Y hoy tu sal
ha quedado en mi sangre inútil
Como un pequeño hijo tuyo que vive de mi muerte.
mi cadáver tres días después
del naufragio del corazón.
Las algas fueron mis madres pacientes,
los peces mis hermanos con quienes dormí
en remolinos de las aguas turbias.
Y vos, mar implacable, fuiste con tu cabellera azul
bebiéndote hasta la última gota de mi vida…
¿Es risa macabra, esa ola que no podés ocultar entre quijadas?
¡Asfixiante tu poderoso brazo ciñendo mis pulmones!
Pero me has enviado a los hombres de nuevo
sólo para podrirme en la tierra.
Porque en verdad que soy de polvo
y tengo que volver a la tierra.
Vos, mar de siempre,
sabés que no soy pez para tornarme espuma…
Muy adentro,
anduve entre bestias inimaginables.
Conocí tus tenebrosos sueños,
lo que nadie imagina
y se quedan en el misterio como tesoro enterrado.
Ahí estuve como Cristo en el sepulcro tres días
sumergido en las ondas del pacífico,
en la desesperación atlántica de tus venas.
Y desde tus entrañas nací para la muerte
arrullado por el canto de los marineros
que alguna vez te surcaron sin regresar a casa.
Me coronaron los besos
y las caricias verdes e hinchadas
de las muchachas a quienes desposaste
y nunca más devolviste.
Distinguí en la oscurana de tu manto
los restos de las naves hundidas de todos los tiempos:
transatlánticos lujosos. Barco pirata.
Montano en tus potros salvajes de arrebato y fuerza,
me llevaste a recorrer
las calderas donde duermen los maremotos.
Conocí tu nombre y tu asma.
Y hoy tu sal
ha quedado en mi sangre inútil
Como un pequeño hijo tuyo que vive de mi muerte.
jueves, 2 de abril de 2009
Hablo de ella bajo los muros de la lluvia
Hablo de ella
al romper de la madera una duda;
flotando entre flores
y nubes fertilizadas con rocío.
Hablo de ella
como haciéndole el amor en silencio,
tejiendo en el aire una sonrisa sin confines.
Hablo de ella
así,
a labio limpio,
con música en la manos.
Así,
así hablo de ella
con velas encendidas en la frente
con cerezas en las palabras.
Hablo de ella,
al soñarme
entre cristales que se rompen
y ángeles y pájaros
que anidan en mi costado.
Así,
a labio limpio
por lo pantanoso de las distancias.
Hablo de ella
como bañado
por el aire que empaña un beso.
Así,
a labio limpio
con la huella de su voz
cuando la he mencionado.
Hablo de ella,
como quitándome la vergüenza de vivir.
al romper de la madera una duda;
flotando entre flores
y nubes fertilizadas con rocío.
Hablo de ella
como haciéndole el amor en silencio,
tejiendo en el aire una sonrisa sin confines.
Hablo de ella
así,
a labio limpio,
con música en la manos.
Así,
así hablo de ella
con velas encendidas en la frente
con cerezas en las palabras.
Hablo de ella,
al soñarme
entre cristales que se rompen
y ángeles y pájaros
que anidan en mi costado.
Así,
a labio limpio
por lo pantanoso de las distancias.
Hablo de ella
como bañado
por el aire que empaña un beso.
Así,
a labio limpio
con la huella de su voz
cuando la he mencionado.
Hablo de ella,
como quitándome la vergüenza de vivir.
domingo, 29 de marzo de 2009
Me arrojo al oído de la música
Me arrojo a la sed por la miel de las sombras
sin más saco que mi propio estómago
y su ondulado vacío.
Los pequeños dedos de las distancias
se hunden en un mar de papel ajeno a mi mente,
porque por la carretera de la imaginación:
La tos legendaria de un tomate.
Sin rostros vagan los pasos en San Salvador.
Sin nombre se pronuncian sus vientos.
(Hombres íntegros,
dejad que los borrachos de la calle
también comulguen los domingos
para ello Jesús, sin usuras, convirtió el agua en vino…)
Ya es hora que los relojes
se enteren que la eternidad les queda muy grande.
Me arrojo entre las libertades por todos los pétalos,
morder las bocas que una vez se rehusaron besarme.
Me arrojo para ya no reconocerme bajo
el dedo que acusa terrible.
Ya es hora que los relojes
marquen la hora de su propia muerte.
Que en adelante
todo sea excremento azul
de oruga nunca antes visto...
Me arrojo a la sed por la sombra de los caminos de la sal amarga
y no llevo otro sombrero más que el primer sueño de juventud.
sin más saco que mi propio estómago
y su ondulado vacío.
Los pequeños dedos de las distancias
se hunden en un mar de papel ajeno a mi mente,
porque por la carretera de la imaginación:
La tos legendaria de un tomate.
Sin rostros vagan los pasos en San Salvador.
Sin nombre se pronuncian sus vientos.
(Hombres íntegros,
dejad que los borrachos de la calle
también comulguen los domingos
para ello Jesús, sin usuras, convirtió el agua en vino…)
Ya es hora que los relojes
se enteren que la eternidad les queda muy grande.
Me arrojo entre las libertades por todos los pétalos,
morder las bocas que una vez se rehusaron besarme.
Me arrojo para ya no reconocerme bajo
el dedo que acusa terrible.
Ya es hora que los relojes
marquen la hora de su propia muerte.
Que en adelante
todo sea excremento azul
de oruga nunca antes visto...
Me arrojo a la sed por la sombra de los caminos de la sal amarga
y no llevo otro sombrero más que el primer sueño de juventud.
domingo, 22 de marzo de 2009
El pájaro
Madre:
Hoy vi a unos
niños matar un pájaro.
Le lanzaron una piedra
y el animal cayó al suelo.
Aún estaba con vida
cuando uno de esos niños
lo tomó entre sus manos,
y junto con los otros
rieron crueles.
Ese niño
le extendió las alas
sin importarle
que una de ellas estaba rota.
Y así como si de un títere viejo se tratase,
forzó en mofa su vuelo.
El pájaro agonizaba,
algunas plumas se desprendían
de su ya miserable cuerpo,
otras le eran arrancadas.
Le partieron el pico, le dañaron un ojo.
Los niños al atardecer se aburrieron.
Tomaron al ave por las patas
y ya de cabeza
vueltas le condenaron a dar
¡Cantaban rondas de muerte y miedo!
Era un cuadro de horror, Madre,
¡Niños que jugaron a matar!
Pero como el pájaro inerte
ya no era divertido,
después de pisotearlo un poco,
le dejaron tirado en el césped
y observaron curiosos
como el animal lentamente
era devorado por las hormigas.
¡Oh! Madre,
a penas si puedo verte
a través de mis ojos
llenos de tantas lágrimas,
dime,
que será de mí
cuando haya dejado el nido,
y el mundo me encuentre
y me lance la piedra.
Hoy vi a unos
niños matar un pájaro.
Le lanzaron una piedra
y el animal cayó al suelo.
Aún estaba con vida
cuando uno de esos niños
lo tomó entre sus manos,
y junto con los otros
rieron crueles.
Ese niño
le extendió las alas
sin importarle
que una de ellas estaba rota.
Y así como si de un títere viejo se tratase,
forzó en mofa su vuelo.
El pájaro agonizaba,
algunas plumas se desprendían
de su ya miserable cuerpo,
otras le eran arrancadas.
Le partieron el pico, le dañaron un ojo.
Los niños al atardecer se aburrieron.
Tomaron al ave por las patas
y ya de cabeza
vueltas le condenaron a dar
¡Cantaban rondas de muerte y miedo!
Era un cuadro de horror, Madre,
¡Niños que jugaron a matar!
Pero como el pájaro inerte
ya no era divertido,
después de pisotearlo un poco,
le dejaron tirado en el césped
y observaron curiosos
como el animal lentamente
era devorado por las hormigas.
¡Oh! Madre,
a penas si puedo verte
a través de mis ojos
llenos de tantas lágrimas,
dime,
que será de mí
cuando haya dejado el nido,
y el mundo me encuentre
y me lance la piedra.
8 de Junio 1730
Yo que no conozco el fuego de las hadas,
encuentro ceniza sobre mi corazón.
Que pierdo la ruta al camino empedrado,
y tras la noche delirante, no queda
de mí piedra sobre piedra.
Yo que nunca he conocido un invierno
de mantos blancos
y ángeles de hielo, conozco bien el frío
y he temblado
en las sombras bajas del trópico.
¡Que no he visto el mar en la grandeza
de su misterio,
pero desde que recuerdo, siempre he tenido sed!
Bajo mi cama viven seres de soledad
devorando cadáveres de esperanza…
Oh amor, mi amor inseparable,
a la que le digo te amo diciéndole adiós,
yo que no alcanzo a comprender la poesía,
he visto sin saber, entre la ceniza fría
y la escarcha ardiendo,
una piedra amarrarse el mar al cuello
y lanzarse al fondo del poeta...
encuentro ceniza sobre mi corazón.
Que pierdo la ruta al camino empedrado,
y tras la noche delirante, no queda
de mí piedra sobre piedra.
Yo que nunca he conocido un invierno
de mantos blancos
y ángeles de hielo, conozco bien el frío
y he temblado
en las sombras bajas del trópico.
¡Que no he visto el mar en la grandeza
de su misterio,
pero desde que recuerdo, siempre he tenido sed!
Bajo mi cama viven seres de soledad
devorando cadáveres de esperanza…
Oh amor, mi amor inseparable,
a la que le digo te amo diciéndole adiós,
yo que no alcanzo a comprender la poesía,
he visto sin saber, entre la ceniza fría
y la escarcha ardiendo,
una piedra amarrarse el mar al cuello
y lanzarse al fondo del poeta...
sábado, 21 de marzo de 2009
Chorrocientos días
Has vuelto al corazón donde se perdió tu vida,
donde una vez lloraste largos mantos de niebla.
Donde te dolías con la sangre entrecortada
al sonar la noche en tus cartílagos huecos.
Ahí naufragabas y vivías sin merecer
el agua mineral que bebías de las heridas de tu madre.
Nunca te importó el arpa sin cuerdas
que estremecía con su voz de humo tu tacto sin destino.
No reparaste en el dios muerto que llevabas colgado al cuello.
A los colores
los empañaba un coro de niñas ahogadas en tu sangre
Por eso odiabas los arco iris
y las mañanas te eran beso soez en la frente del tiempo.
Ahí era donde gestabas las tormentas,
Ahí vomitabas todos los incendios.
Vos,
hombre de la sombra más hambrienta,
hombre con los sueños rotos en las estrellas y las campanillas,
con la púa de la melancolía hasta el fondo de las palabras
cuando la luz declinaba su rostro ante el veneno de la soledad
Pero aprendiste del odio, la verdad del cariño
De la muerte de las flores, la eternidad de los aromas.
Nació una lágrima alada con olores a galleta
y el pozo tuvo su fondo en el génesis de una sonrisa.
En tu espejo fue el reflejo del mundo de ahí en adelante.
De los inmundos restos de quienes se llamaron tus amigos
y te dejaron con el machete desnudo sobre el fuego de las lágrimas,
se alzó en vuelo una galaxia de mariposas
que ahora te llevan de la mano a adivinar las formas de las nubes
Entonces vino la muerta para lo que te mataba y nació el milagro,
Vino el amor sellando las bóvedas del egoísmo,
humectando con su saliva tus tristezas.
Ahora,
has regresado al viejo corazón a heredar la nueva vida,
chorrocientos días después.
donde una vez lloraste largos mantos de niebla.
Donde te dolías con la sangre entrecortada
al sonar la noche en tus cartílagos huecos.
Ahí naufragabas y vivías sin merecer
el agua mineral que bebías de las heridas de tu madre.
Nunca te importó el arpa sin cuerdas
que estremecía con su voz de humo tu tacto sin destino.
No reparaste en el dios muerto que llevabas colgado al cuello.
A los colores
los empañaba un coro de niñas ahogadas en tu sangre
Por eso odiabas los arco iris
y las mañanas te eran beso soez en la frente del tiempo.
Ahí era donde gestabas las tormentas,
Ahí vomitabas todos los incendios.
Vos,
hombre de la sombra más hambrienta,
hombre con los sueños rotos en las estrellas y las campanillas,
con la púa de la melancolía hasta el fondo de las palabras
cuando la luz declinaba su rostro ante el veneno de la soledad
Pero aprendiste del odio, la verdad del cariño
De la muerte de las flores, la eternidad de los aromas.
Nació una lágrima alada con olores a galleta
y el pozo tuvo su fondo en el génesis de una sonrisa.
En tu espejo fue el reflejo del mundo de ahí en adelante.
De los inmundos restos de quienes se llamaron tus amigos
y te dejaron con el machete desnudo sobre el fuego de las lágrimas,
se alzó en vuelo una galaxia de mariposas
que ahora te llevan de la mano a adivinar las formas de las nubes
Entonces vino la muerta para lo que te mataba y nació el milagro,
Vino el amor sellando las bóvedas del egoísmo,
humectando con su saliva tus tristezas.
Ahora,
has regresado al viejo corazón a heredar la nueva vida,
chorrocientos días después.
martes, 3 de marzo de 2009
un poema de César Vallejo
XIII
Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo tu botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso
Pienso en tu sexo, surco mas prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.
Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo
¡Odumodneurtse!
(de Trilce)
Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo tu botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso
Pienso en tu sexo, surco mas prolífico
y armonioso que el vientre de la sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.
Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo
¡Odumodneurtse!
(de Trilce)
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